[VP] Vomitando Palabras #7
Yawakasa
9 octubre, 2018
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¡Hola locuelos!

Pues martes de nuevo… martes de vomitera, y aquí os traigo una nueva entrega de Vomitando Palabras, con una lista de palabras de lo más peculiar. Además, en esta ocasión, he integrado no una, sino dos frases que también me habéis dejado. Espero que disfrutéis leyendo más de lo que disfrutáis torturándome eligiendo las palabras que elegís… 

“MaW, era un mugroso murciélago sin plumón, Jeank, Shorogalaxia, Hisyirua (me apetecía incluir ésta también…), acné, Bowser, ráfaga, Bakanyuliem, calabaza, sangre, imperio, naranjas, yuxtaposición y pírrica” es la lista para hoy, además de la frase de —chiz— por ser el primero en comentar, que dice así: “llámame el día que puedas, date prisa que ya son las cuatro y diez” y ahora, que empiece la fiesta…

 

Entre cubos de basura me encontraba, tirado de la forma más antinatural que jamás alguien hubiera estado. Era de noche y de no ser por alguna farola cercana y por su luz parpadeante, estaba completamente oscuro. Y yo tirado en un callejón con la ropa manchada de vómito. Escuché un ruido, un alarido no muy lejano. Una especie de “MaW”, al principio ligero, después más sonoro. Miré a mis lados y tras de mí, pero no ví nada. Cuando otro alarido se asomó entre los cubos de basura, un “MaaaaWwwwwwww” más largo e intenso. Y entonces lo ví, sobre un cubo de basura había un gato tan negro como la noche, con ojos verdes, clavados en mí. En su boca, manchada de sangre, colgaba algo. Era un mugroso murciélago sin plumón ni pulmón izquierdo, balanceándose de un lado a otro. Me hipnotizó con su peculiar baile sangriento. El gato maulló de nuevo, alzando su presa al aire, “MaaaWwww”. Sí, era un auténtico Master at Work, en lo que a cazar se refería.

Por la esquina de la calle se asomó una pareja de chavales. Uno de ellos llevaba una larga y metálica cadena que acababa en el cuello de un pequeño perro que empezó a ladrar como un loco. Se acercaron. El perro ladraba poseído por el olor del gato. El gato se escondió con su cena entre los cubos. Yo contemplaba la escena, esperando un golpe, un puñetazo o un mordisco…

Tan sólo llegó una pregunta.

—¿Qué haces ahí tirado? —dijo uno de los chicos—, vamos levanta, no te quedes ahí.

Me ayudó a incorporarme. El perro olisqueaba los alrededores, en busca del gato. También quería ser un MaW de la caza.

—Soy Jeank —dijo el que me ayudó—, y éste es Fritanga —señaló al que sostenía la correa del perro.

—Y éste, Shorogalaxia —dijo el otro. Agitó la cadena y el perro volvió a su lado, agachó la cabeza y ladró. Un ladrido leve, como la brisa en verano.

 

El viento meció los cubos de basura. El gato se perdió por el otro lado del callejón. Sentí un vértigo repentino, no veía nada, no oía nada.

—Ciyéntanus yu hisyirua —preguntó Jeank. 

No entendí nada. Me golpeé las  mejillas y me agaché. Volvía a tener ganas de vomitar, con unas náuseas que alborotaron mi estómago bruscamente.

—¿Qué? —logré decir a duras penas.

—Cuéntanos tu historia —repitió. Esta vez sí le entendí.

El viento sopló con fuerza. Esta vez no pude aguantar las náuseas y vomité, vomité con fuerza, como la pus sale al reventar el acné, y me desplomé sobre la fría acera…

 

Me desperté en una enorme cama con una colcha colorida. Miré a todos lados y encontré infinidad de pósters que cubrían las paredes. Me quedé embobado con uno en el que Bowser me amenazaba desde lo alto con su intimidatoria mirada y su amenazante boca abierta. Sonó un móvil sobre un escritorio. Me acerqué para ver porqué sonaba. Tenía las manos y los pies atados, y estaba descalzo. El parqué estaba helado y al pisarlo sentí un intenso dolor en los talones, semejante a una ráfaga de flechas que se alza al viento y acaba en el muro de un castillo en pleno ataque. Apenas podía moverme. Cogí el móvil y leí un mensaje que decía: “Llevo días llamándote y no contestas, hay algo que debo decirte, llámame el día que puedas, date prisa que ya son las cuatro y diez y habíamos quedado para las cuatro”. No sabía quién era ese tal Bakanyuliem que había escrito el mensaje, pero sí sabía que le habían dado calabazas.

Guardé el móvil, pese a no ser mío, (yo no usaba esas cosas) en el pantalón de pijama que llevaba puesto. No sabía cómo había llegado a esa habitación ni cómo había acabado con ese pijama. No recordaba nada. Abrí la puerta del cuarto y salí a un pequeño pasillo de la planta alta de lo que parecía una casa. Había una elegante baranda de madera y una enorme escalera que conducía a la planta baja. Me fijé bien en todo, intentando saber dónde estaba, y entonces ví toda aquella sangre.

¡Había sangre por todas partes! En las paredes, en el suelo, en la baranda… y un enorme charco de sangre que bajaba por los peldaños de la escalera. ¿Cómo no lo había visto antes? Tenía sangre hasta en los pantalones y en las cuerdas que me ataban. Di un par de pasos y el suelo crujió. Me asomé por entre los huecos de la barandilla y encontré a dos sujetos en la cocina,abajo.

 

—¿Sabías que los soldados del Imperio romano masticaban menta tras sus batallas para lavarse la boca? —conocía esa voz, me era familiar, pero no conseguía recordar de qué.

—No digas chorradas y acaba con esas naranjas cuanto antes, quiero trinchar al de ahí arriba en cuanto se despierte…

 

Eran los tipos del callejón. Sin duda. El del imperio era Jeank y el otro, quien llevaba al perro… ese perro… el mismo perro que apareció frente a mí. El mismo perro que ahora  abría la boca lentamente, dispuesto a soltar un ladrido… y entonces maldije aquella yuxtaposición de acontecimientos que me sucedían. Intenté correr pero resbalé y caí de bruces. Abajo se oyeron ruidos, arriba ladridos. Si aquellos dos me alcanzaban sería una victoria para ellos, y no una pírrica que digamos.

Si me cogían, estaba acabado…

 

Y hasta aquí Vomitando Palabras 7. Dejad vuestras palabras en comentarios para seguir con esta historia. Para la próxima, podéis dejarme frases los tres primeros en comentar y en twitter decidiremos la frase, o frases, que incluiré en la historia. Espero que os haya gustado y nos vemos en la séptima dimensi… entrega. ¡Un abrazo y gracias por leer!

Yawakasa

 

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