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[VP] Vomitando Palabras II #5
Yawakasa
25 marzo, 2020
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¡Hola gamberros!

De nuevo miércoles, de nuevo confinados en casa. Espero que lo estéis llevando bien y que el ánimo no haya decaído ni un ápice. Hay que ser fuertes y tener la voluntad bien alta para afrontar estos días tan complicados en casa, con la familia y con, sobretodo, bien ambiente. Bueno, esta semana os traigo la quinta entrega de esta temporada de Vomitando Palabras, con 17 palabras que me habéis dejado en comentarios, que son las siguientes: «pandemónium, distopía, espátula, galleta, conspiración, asteroide, torrencial, cuarenteando, Pachunguita, angelito, Mino, ¿para cuándo una nueva?, versión original, motosierra, astro, minotauro y supercalifragilisticoespialidoso«. Y sin más dilación, que empiece la nueva entrega de esta locura de blog.

 

Como si se hubiera generado un pandemónium en el interior del vendedor, asió el arma que cogió de la estantería y no dudó en arrancarla. El loro se quedó estupefacto ante semejante muestra de locura. En una situación normal quizá fuese una locura, pero al borde de una sociedad al borde de la distopía, era comprensible ver a la gente perder los estribos, incluso por menos.

Antes de que el maníaco se ensañara con el loro, cogí lo primero que encontré a mano, que resultó ser una espátula que había en el sofá tirada y le di con todas mis fuerzas por la espalda, una, dos, tres… hasta dejarlo inconsciente. “Como si éste fuera a amasar masa para galletas”, pensé al ver con qué le había estado aporreando.

—¿Y ahora? —preguntó el loro al ver al vendedor en el suelo, desplomado.

—Deberíamos intentar salir de aquí, hacer algo.

—Quédate en casa —dijo el loro—, decían siempre cuando pasaban cosas malas. Mejor nos quedamos, ¿no?

El loro se acercó a la cara del vendedor, que estaba contra el suelo y le dio unos golpecitos con el pico, como si comprobase así si estaba vivo, cuando el ordenador emitió un sonido y salió una alerta en la pantalla. Me acerqué a ver de qué se trataba.

Al parecer la alerta hablaba de una posible conspiración del gobierno en un asunto relacionado con un posible asteroide. Intenté leer más, pero apareció un torrencial de notificaciones de SPAM. Al parecer el ordenador estaba bloqueado con una clave de seguridad. Mientras, el loro no parecía llevar bien el encerramiento al que nos habíamos visto sometidos y empezaba a delirar, cantando algo encima del vendedor, que seguía inconsciente.

—Cuarenteando, cuarenteando, olé olé, aquí desde hoy hasta el mes de julio, Hulio —cantaba, mientras daba vueltas sobre la espalda del vendedor.

La cosa se puso seria cuando empezó a cantar el tema de la Pachunguita regetonera, pero yo, como buen rockero que soy, no os daré detalles de lo que estaba haciendo con su cola… y yo que pensaba que ese loro era un angelito… y resultó ser una perreadora profesional.

Mino me miraba con cierto aire de inocencia, como si intentara justificar sus actos, pero en verdad estaba mancillando y corrompiendo la espalda del vendedor, que, tras varios intentos fallidos para desbloquear el ordenador, encontré que se llamaba Ptolomeo, y la verdad es que no sé cómo no se me había ocurrido, tenía la típica cara que tiene alguien que se llama Ptolomeo.

—¡¿Alguna idea de cómo desbloquear el ordenador?! —grité desesperado y desconsolado tras no saber qué hacer.

El loro se subió a la mesa y empezó a desordenar todos los papeles que había sobre ésta con sus patitas. Los papeles volaron por la pequeña sala y dejaron al descubierto un pequeño libro de tapa gruesa con un post-it amarillo encima que decía «¿para cuándo una nueva?«.

—Esto parece un diario…—dijo Mino, y cogió el libro con su pico para acabar entregándomelo con un ligero vuelo hasta mi hombro.

Parecía la versión original de un libro antiquísimo, la primera edición, escrita a mano. “Y pensar que si Ptolomeo se hubiera cargado al loro con la motosierra jamás hubiéramos descubierto ese libro…” se me ocurrió al sopesar el tomo en mis manos.

Lo abrí con cuidado y leí la primera página: “Diario de bitácora de Astro”

—¿Quién es Astro? —pregunté en voz alta como si Mino supiera la respuesta.

—Pasa página —contestó éste con cierta estupefacción.

Pasé la página, “Día 1…” empezaba ésta. Sí, era un diario sin duda, pero no de Ptolomeo, y entonces comenzaron a invadirme las preguntas. ¿Qué hacía ese vendedor con un diario de bitácora de un tal Astro y por qué esperaba otra entrega? Mientras pasaba las hojas hasta encontrar con el dibujo de un minotauro y, sin saber porqué, se me iluminó algo. Esa imagen me hizo recordar algo, pero aún no sabía qué.

Mino se desesperó al verme ensimismado con el dibujo de aquel animal mitológico y le dio un golpe con el pico al libro, que cayó al suelo. Se lanzó a por él y, con el pico de nuevo, comenzó a pasar páginas hasta llegar a la última escrita, a mitad del volumen. Donde, escrito a mano y con una clara y distinta letra, se veía: “Supercalifragilisticoespialidoso”

«¿Sería ésa la clave? Había que intentarlo», pensé.

 

Y hasta aquí la entrega semanal de Vomitando Palabras. Espero que hayáis disfrutado con la entrega y que estéis deseando de leer más. Sí es así, ya sabéis que tenéis que hacer… comentad con las palabras más locas que se os ocurran, ¡pero intentad no repetirlas! Espero que pase la semana rápido y que todo vuelva a la normalidad lo antes y mejor posible. Un fuerte abrazo a todos, gracias por leer y por comentar, si lo hacéis!

Un abrazote, Yawakasa

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