CreaTuHistoria_Header

Hola a todos y bienvenidos a una edición muy especial, nada más ni nada menos que la 30ª edición de Crea tu historia. Muchos pensareis que 30 tampoco es un número muy grande pero hay que destacar que no es simplemente este número, sino que hoy es un día mágico. Esta noche es nochebuena y mañana navidad, saca Perico la bota que nos vamos a… Perdón, perdón, ya no me desvío más del tema, pero tal y como os prometí hoy continúan las aventuras de Nubecín con más emoción, más intriga y ambientadas con un toque navideño. ¿Cómo pasaran nuestros amigos la nochebuena? Lo averiguaremos en unos instantes, no sin antes desearles a todos una ¡Feliz Navidad! Y desearles todo lo mejor para estas fiestas. A comer mucho y a estar en familia con vuestros seres queridos.

(Hace dos semanas ganó la OPCIÓN B y en vista de que gustaron bastante los chistes, no descarto hacer otra entrega contando más 😀 )

En ediciones anteriores:

… Nubecín empezó a contar chistes, aunque eran chistes malos al final terminaron por gustar a todos menos a Jupi, y así sin darse ni cuenta ya estaban llegando a la costa.

LAS AVENTURAS DE NUBECÍN

… Dejé los chistes por un rato cuestionándome porque Jupi no se había reído ni una vez, así que mientras los demás avanzaban me acerqué a él e intenté establecer una conversación más privada y me contara realmente que le estaba pasando.

— Jupi, entre tú y yo, no me creo que realmente no te haya hecho gracia ningún chiste.

— Pfff te diré la verdad… te tengo envidia — contestó él.

— ¿Envidia? ¿Porque? — le pregunté.

— Yo adoro los chistes, me encantan. Chiste malo o bueno que veo, me río un montón y los que has contado me han encantado.

— Entonces porque no te has reído, ¿no lo he contado bien?

— Sí, lo has hecho muy bien. Ese es el problema que lo haces muy bien y yo pues adoro contar chistes pero lo hago fatal y nadie se ríe con mis chistes que son muy malos – contestó cabizbajo.

— Nadie nace aprendiendo Jupi, debes hacer lo que te guste, mientras te guste lo que haga da igual lo que piensen los demás. Si tú disfrutas los demás al final se lo acabarán pasando bien. Fíjate al principio de mis chistes que ha costado arrancar las risas de los demás, pero al final han disfrutado.

— Eso haré, muchas gracias por los consejos.

— Venga ahora a disfrutar del viaje que ya estamos llegando.

Nos volvimos a integrar con los demás y empezamos a entrar junto la luz de la luna en un pequeño pueblo costero, donde empezaba a respirarse un aire navideño. ¡Ah! la Navidad que bonita es, con sus comilonas navideñas, sus regalos, la magia y la ilusión…

Que era eso, me encontraba en la cama. ¿En la cama? ¿Qué hacía yo en una cama? Admito que se estaba muy bien, era muy blandita, cómoda. Parecía que había dormido toda una vida, me encontraba muy descansado y tenía un hambre de león. Me levanté y fui a darme un agua, pero… esa no era mi casa, no sabía dónde estaba el baño. ¿Dónde me había metido? Fui a tientas por la casa tocando las paredes buscando un interruptor para poder salir de allí, cuando de golpe noté que la había liado. Se me enredó una especie de cuerda entre la mano y al querer sacarla se cayó algo haciendo un estrepitoso ruido. Entonces se encendieron unas luces de colores con una sintonía navideña y me di cuenta con la poca luz que desprendían. Me acababa de cargar el árbol de navidad. Aprovechando esa luz me desplacé en busca del interruptor general cuando entonces escuché 2 leves voces me resultaban familiares. En ese instante encontré el interruptor y…

Laura y Easymedia se encontraban en la cama, una en cada lado con un hueco que supongo que era donde estaba yo durmiendo. ¡Ay! ¡Que habré hecho esta noche!  Con razón estoy tan feliz, aunque parece que me haya bebido hasta el agua de los floreros porque no recuerdo nada de nada, yo iba con los demás chicos camino hacia el pueblo adornado con todas las luces navideñas y… ya no recuerdo nada más. Teníamos una misión, pero no recuerdo a donde teníamos que ir. Desconecté el cable de las luces del árbol del enchufe, ya me empezaba a cansar la musiquita. Me dirigí hacia las chicas, y le pregunté que habíamos hecho esa noche. Ellas tampoco recordaban nada, pero me dijeron que lo habían pasado genial. Me enrojecí un poquillo y pensé “vaya campeón”, después entré en razón y seguramente de alguna forma llegamos a esa cama y estábamos los tres fritos. Pero ahí queda, nunca se sabrá que habrá pasado.

Decidimos bajar en busca de algo para desayunar. En la cocina había mucha gente, estaba Juancha, Paula, Gurú, Baskita, Qanchis, Marquitos, Youtuber, Paula, Anyelo, Jupi Marc, Yull y Maxi. Estaban todos, ¿pero que hacia ahí Qanchis y Paula? ¿Y Anyelo? Todo era sospechoso, pero ellos como si nada. Al entrar más profundamente dentro de la cocina me miraron todos, ansiosos deseando que me despertara y llegara.

— ¿Qué ocurre? ¿Qué hacéis todos aquí? ¿Qué está pasando? — pregunté somnoliento.

— Nubecín no te hagas el tonto ¿no recuerdas la misión de Santa Templario? — respondió Juancha.

— ¿Misión? ¿Santa? ¿Templario? Poco a poco que no recuerdo nada.

— Se está riendo de nosotros seguro. Venga Nubecín deja de hacer tonterías ya. Tenemos que partir ya hacia el Polo Norte, a la casa templaria para ayudar a Santa a repartir los regalos. Necesita tu ayuda por eso nos ha encomendado a todos nosotros que te viniéramos a buscar, dice que eres “el sucesor” y debes empezar a practicar para el año que viene.

— ¿Sucesor? ¿Pero Juancha que te has tomado?

— Fíjate, ya te estas empezando a poner más gordito y fondón. Y ya no puedes volar como antes, necesitas la ayuda de los renos.

— Pero ¿cómo? ¿Gordito? Yo no quiero ser un zurullo sedentario. ¿Y desde cuando puedo volar? No entiendo nada.

— Nubecín es complicado, ya te lo iremos explicando por el camino si quieres, pero esta noche todos los niños y mayores tienen que tener su regalo. No podemos dejar que se pierda el espíritu navideño. Si no salimos ya hacia la casa de los templarios donde creamos todos los regalos e ilusión de los niños, no dará tiempo para esta noche.

Estaba anonadado, pero sí que es verdad que me estaba poniendo más gordito, y tampoco es que estuviera comiendo en exceso, ¿o sí? Todo esto me estaba quedando grande, y todos aquellos templarios que parecían los elfos de Santa. ¿Desde cuándo? Y desde cuando Santa Claus es el viejo Templario, aunque tampoco he sabido nunca quien era Santa. ¿Me han estado engañando todo este tiempo? Pues me lo han ocultado muy bien. Es cierto que me fijé en ellos y tenían las orejas puntiagudas.

Tampoco quería que se perdiera la navidad por mi culpa, si tenía que ser el sucesor de Santa, me tenía que preparar, así que no perdí más tiempo en preguntas e intenté hacer todo lo que me decían. Así que partimos nuestro viaje hacia el Polo Norte.

¿Qué sucederá? ¿Logrará Nubecín estar con Santa y convertirse en el próximo Santa Claus? No os perdáis la segunda edición Navideña en unas horillas.