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Sigamos con la aventura navideña:

— ¿Juancha y cómo vamos hacia el Polo Norte? ¿En trineo?

— ¿Cómo quieres ir en trineo? Solo Santa puede ir en trineo. Iremos con el coche de San Fernando, un rato a pie y otro caminando.

— ¿Queeeeeeeee? ¿En serio toca andar?

— Si ya verás que llegamos prontito, no olvides que los elfos nos conocemos todos los recovecos y caminos que hay en el mundo, al igual que Santa puede en una noche repartir todos los regalos, nosotros podemos llegar al Polo Norte en un momento. Tú síguenos.

Asentí con la cabeza, y me limité a hacerle caso. Esto no era como el que va al váter que siempre está al fondo a la derecha. Aquí primero tiramos recto, giramos a la izquierda, derecha, nuevamente a la izquierda, pasamos bajo un agujero, subimos unas escaleras y cruzamos un puente. Entonces sin saber cómo llegamos a un acantilado. Era muy peligroso, yo tenía mucho miedo, y más cuando Gurú me dijo que había que dar un salto de fe. El camino directo a la casa de los templarios era saltando. Yo le respondí que estaba loco, que no saltaba ni de coña. Los demás asintieron con la cabeza y me dijeron que era la única manera de llegar. Que tenía que confiar en ellos, creer en ellos y en la magia de la navidad. Es verdad era nochebuena y tenía que intentarlo, por los niños.

Me puse a saltar cogí carrerilla, cerré los ojos, conté uno… dos… tres…

…Y nada, no tenía suficiente valor para saltar. Le dije que saltaran ellos primero, y empezaron uno por uno, como si saltaran a la piscina. Uno se tiraba de bomba, otro de palillo, otro de cabeza e incluso se tiraron de plancha. Yo veía como se esfumaban entre toda la nieblilla que había en el fondo. No se escuchaba ni un ruido de que tocaban agua ni suelo ni nada. Parecía tirarse en un agujero negro.

Solo quedábamos Juancha y yo llegaba el momento en que me tocaba a mí saltar. Le pedí a Juancha que saltara conmigo, pero me dijo que no porque si por miedo le hacía la cobra no podría llegar donde estaban ellos. Juancha tenía que ser el último en saltar para cerrar la entrada. Así que esta vez sí, di un paso al frente, cerré los ojos y me alcé de valor para dar otro y caerme en el abismo. En un concurso de estilo hubiera ganado por inventar un nuevo estilo de salto, la marmota espatarrada, pero la cuestión es que de una forma u otra salté.

Cuando caí, vi que no había agua. Había aparecido en una especie de palacio enorme. Había salido de un agujero, por el cual ahora salía Juancha y se desaparecía.

— Portal cerrado — dijo Juancha.

— Esto es la casa donde vivimos todos los templarios — añadió Anyelo.

Y de pronto apareció por detrás un gran hombre, tenía una barba quilométrica y una barriga donde no se veía los pies, e iba en pijama. Supuse que ese era Santa, aunque no me lo imaginaba así, siempre pensé que vestiría de rojo con su gorrito, y su cinturón, etc.

— Ho Ho Ho, ¡Feliz Navidad Sr.Nubecín! Veo que has llegado en perfecto estado. Muchas gracias, templarios por traerlo, ya me encargo yo de enseñarle personalmente esto — en ese momento, todos los que me habían acompañado se fueron a hacer sus tareas y Templario continuó hablando conmigo. — Supongo que mis ayudantes ya te han contado toda la historia. Por si acaso, te haré un resumencillo rápido, ya llevo muchos años en el cargo y necesito un sucesor para poder tomarme unas buenas vacaciones permanentes. He estudiado a todos y cada uno de los ciudadanos de la tierra, y creo que el que mejor cumple las cualidades indispensables es usted. Obviamente necesitaras un poquito de práctica, pero ya verás que si hoy podemos repartir todos los regalos lograrás adaptarte muy bien. Ya has visto que son muy majos y muy leales mis elfos templarios.

Antes de enseñarte toda la casa, voy a enseñarte a la joya del Polo Norte, Mama Claus, la señorita Silvana. Con el tiempo te tendrás que buscar tu una Señora Claus – al decir eso recordé el inicio de la historia con Laura y Easymedia, y no sabría con cual quedarme, pero dejé de pensar en ello, había dicho con el tiempo.

Detrás de una puerta apareció Mama Claus, la madre de todos, ya se veía que este Santa era muy listo al elegirla a ella. Estuve hablando un rato con ella y me pareció una persona maravillosa, imposible definirla en cuatro líneas, para describir algo tan grande haría falta libros.

Tras charlar un ratillo en esa sala, me fueron enseñando poco a poco todas las salas de la casa y me presentaron uno a uno todos los que vivían, así me iba integrando en la sociedad. Había tantos elfos que tan solo recuerdo el nombre de algunos como Yumi, Alex, Dani, Magne, Pam, Juanjo y mi memoria de corto alcance no dio a más. Pero con el tiempo ya los iría recordando.

Seguidamente pasamos a hacer un par de pruebas antes de subirse al trineo a repartir. Lo primero fue comer, tenía que empezar a comer como Santa, para no modificar su figura. Y la segunda era vestirme como él.

Empezó la comida y todo iba bien comía a buen ritmo y en cantidad, hasta que fui a coger una maldita gamba. Se me quedó atravesada, y empecé a ponerme azul. Por suerte Easymedia y Juancha que estaban cerca me cogieron e hicieron la maniobra Heimlich hasta que salió la gamba por los aires volando como si fuera el corcho del cava. Me salvaron la vida. Tras ese incidente, me dijeron que había pasado con éxito la prueba y nos dirigimos para vestirme. Santa también se puso el traje de gala rojo que tanto esperaba vérselo puesto.

Se acercaba medianoche y ya teníamos el trineo cargado con todos los juguetes y todo estaba listo. Los adorables elfos me desearon mucha suerte, me despedí de mis dos amores y me subí con Templario al trineo. Rudolf empezó a correr y junto los demás renos se alzaron y empezamos a repartir los regalos casa por casa.

Lo había logrado, había conseguido adaptarme y transformarme en Santa en menos de 24h, pero entonces me empezó a doler la cabeza y…

— ¿Qué ocurre? — me dolía todo.

Estaba tumbado en la arena de la playa, Laura estaba a mi lado cogiéndome la mano bien fuerte, y Juancha estaba en el otro lado, asombrado al verme despierto. De la cabeza me colgaban unos cables, y al ver mi incertidumbre me contaron que había sucedido. Me había dormido al ver todas las luces de navidad y me había puesto a soñar una historia navideña, y al oír lo que decía modificaron el wired para poder leer mis sueños y descifrarlos. Al no saber qué hacer, pues se sentaron a escuchar la historia que pasaba por mi cabeza en ese momento. Y así pudimos disfrutar todos juntitos, de una gran nochebuena con la historia.

Y hasta aquí la edición navideña de esta semana, de parte de jupimarc FELIZ NAVIDAD A TODOS, que lo paséis muy bien todos juntos y unidos, comáis mucho y que Santa os traiga muchos regalitos. No nos olvidemos de las opciones que ahora sí tenemos para la semana que viene:

OPCIÓN A: Se acaba el año y para celebrarlo se meterán en el océano para buscar la siguiente pista.

OPCIÓN B: Prefieren ir al pueblo más cercano y pasar allí la noche, en algún hostal o alguna casa donde se pudieran hospedar.

Hasta aquí la trigésima parte, no olvides indicar en los comentarios qué opción tomará la historia y las ideas más locas y divertidas que se te ocurran. Recuerda que lo más importante eres tú. ¡Sigue atento a HabboTemplarios el cielo de tu diversión!