Nico empezó a entender lo que más tarde le confirmaría Litos. Cada día, a las 17:00, pasa el huracán para llevarse toda la suciedad y mantener la ciudad limpia y sin virus.

―¿Qué ha sido eso? – preguntó Nico para confirmar que sus hipótesis eran ciertas y que no se había vuelto loco.

―Perdóname, justo has llegado a la hora clave, el momento en que pasa HURRY, nuestro sistema de limpieza. En este lugar, estarás a salvo de todo. Eso sí, para ello, hay que mantener ciertas normas y conductas, sobre todo la limpieza y la higiene son fundamentales. De todos modos, ya lo irás viendo. Ahora te tengo que dejar, tengo que ir al cuadro de control para comprobar que todo ha ido bien y, de paso dejaré tu formulario en recepción. Sé bienvenido a Korzhonov. Toma este mapa interactivo, te será útil, dirígete hacia la plaza mayor, allí estará mi compañera Eustaquia esperándote.

―Gracias, caballero ―dije, pero Litos ya se estaba marchando con muchas prisas.

Entonces, Nico emprendió su camino. Bueno, primero ojeó el mapa a ver si se aclaraba, pero por mucho que sabía dónde estaba el norte, no se orientaba muy bien y no encontró la típica bolita de “Usted está aquí”.

Antes de emprender el camino, agarró lo necesario: mochila, agua, un abrigo y un par de latas de elote. «¿Esto será necesario?» se preguntó Nico, ya que no quería cargar con demasiadas cosas.

Nico salió de donde se encontraba y comenzó a leer el mapa mientras se ubicaba. Comenzó a caminar cuadras y más cuadras, sus calles estaban llenas de gente caminando con bolsas de mandado, otras personas con el celular, otras cargando a sus hijos, y otras simplemente estaban allí.

«¿Acaso estas personas no le tienen miedo al virus?» se preguntó Nico en su cabeza.

Seguía caminando hartas cuadras, Nico ya no sentía entonces sus pies, volvió al mapa y se percató que ya estaba por llegar finalmente. Nico no estaba cansado ya que no fue mucha la distancia que recorrió, nada más no tenía mucha condición física. Caminó un par de kilómetros hasta que se encontró con la plaza mayor, allí recordó que Eustaquia estaría esperándole.

«¿Cómo es Eustaquia?, ¿cómo se supone que la voy a reconocer?, ¿sabrá quién soy yo?, ¿sabrá reconocerme?» Muchas preguntas estaban invadiendo la cabeza de Nico y, en ese momento él empezaba a ponerse nervioso.

Se adentró más a la plaza mayor, en cuyo lugar había una fuente inmensa con una altura bastante prometedora, la estatua que estaba en medio era un hombre agarrando un tridente, alrededor de la fuente habría unos asientos formando el borde de la misma, se encontraba una que otra persona sentada. Nico decidió sentarse y abrir su mochila para tomar un trago del agua que había echado anteriormente.

―¿Y ahora qué hago?― dijo en voz baja.

En eso, una chica con cabellera larga color rojo intenso, se acercó a Nico decidida y pregunto por él.

―¿Eres Nico? ― su voz era muy grave pero dulce al mismo tiempo.

―Soy Nico, ¿tú deberías ser Eustaquia? ― contestó mientras se reincorporaba en dirección a la chica.

―En efecto, me mandaron a que venga por ti. Se supone que debo llevarte conmigo, así que vendrás conmigo, valga la redundancia― dijo Eustaquia de una manera firme y decidida.

―¿A dónde se supone que vamos? ―preguntó Nico incrédulo, pero no obtuvo respuesta.

 

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