En un abrir y cerrar de ojos Nico se encontraba tumbado en una camilla en el centro de una sala, medio inconsciente, no sabía ni como había cedido al final pero la prueba era inminente. A causa del sedante Nico no se enteraba ni de media, pero la camilla empezó a entrar en una especie de tubo gigante, parecido al cachivache de una resonancia magnética, pero mucho más ruidoso.

Pasaron 5 minutos, 10, 15… el experimento iba a durar más de lo que Nico se llegaba a imaginar. Pasaron 2 horas, 3, 5… se estaba durmiendo hasta el narrador, hasta que por fin (una eternidad más tarde) se escuchó un ¡PUM! Que indicaba que la prueba había finalizado satisfactoriamente. La camilla se retiró hacia atrás y poco a poco un grupo de personas con bata blanca fueron a despertarlo y a ayudarlo a levantar. Estaban algo alterados, ¿y si no había funcionado bien el experimento? ¿Para qué era necesario tanta gente preocupándose por el pobre chaval?

La cuestión es que Nico poco a poco fue abriendo los ojos y retomando la compostura, en su cabeza oía unas voces que le decían:

– ¿Chico estas bien?

– ¿Chico despierta, recuerdas tu nombre?

– ¿Hola? ¿Hola? – le decía otro mientras lo abofeteaba un poco, este sí se había quedado a gusto.

– ¡Me llamo Nicolás, claro que estoy bien, menuda siesta me he pegado, ya tocaba! ¿Qué ha pasado? ¿Qué hago aquí y quienes sois vosotros? – decía Nico sobresaltado al ver el panorama de 5 tipos rodeándolo justo después de despertarse. – He tenido un sueño muy bonito, me metía por unas cloacas y llegaba a un pueblo nuevo, fuera de virus…

– Me temo que no es un sueño chaval, estás en Korzhonov – le dijo el hombre más mayor.

– ¿Korno que? Espera, espera que me he perdido. ¿Quieres decir que mi sueño es real y no estoy haciéndome una prueba para ver si tengo el virus? ¿Qué día es hoy? – preguntó muy alterado.

– Efectivamente nada es fruto de tu imaginación, si quieres te abofeteo un par de veces más para ver que no es un sueño – dijo el que se había quedado a gusto con él, pero no había tenido suficiente.

– Hoy es viernes – dijo otro.

Nico tenía muchas preguntas en su cabeza, pero a los 5 minutos empezó a hilarlo todo.

– ¡Hoy tenía hora en la peluquería! – y se levantó corriendo.

Pero los hombres lo retuvieron. Le volvieron a explicar que estaba en un experimento y que ni peluquerías ni leches, que ya iría más tarde. Ahora tenía que pasar varias horas, días incluso, en observación.

Aparentemente no había sufrido ningún cambio, solo los que estaban allí sabían lo que querían esperar de la prueba, Nico se miraba y remiraba expectante de ver que le tenía que suceder.

Entonces unas horas más tarde empezó a sentir unos picores y la cara le empezó a cambiar, su cuerpo estaba mutando. Los de la bata blanca aplaudían conforme el experimento por el momento había sido un éxito, pero Nico no entendía nada, solo se rascaba, hasta que por fin vio su rostro. Quedó en shock, después de ver cómo le habían crecido esos dientes y esas orejas.

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