¡Hola Viajeros!

Ya es el cuarto martes que los molesto con otra de mis reflexiones sobre lo que entiendo que son cosas o situaciones que vivimos todos como seres humanos, ¡MIL GRACIAS! Gracias por leerme y con todo confianza si quieren que hablemos de algo en específico o preguntarme sobre algún tema, ¡adelante! Siéntanse libres de dejar sus comentarios que yo con más que gusto los leo.

La verdad que he estado algo ofuscada en estos días, quizás se deba porque he cambiado de trabajo y pues, el proceso de adaptación es difícil y más aún cuando te cambias de país. Creo que una de las cosas más difíciles de volver a casa, es el hecho de volver a la rutina, a lo que creías que era tu vida, a lo que creías que era lo mejor pero en el tiempo fuera te percataste que no. Extrañaba todo de casa y de mis amigos menos una cosa: ¡¡LA GENTE HABLA Y CRITICA DEMASIADO EN ESTA ISLA!! Y de eso hablaremos hoy, de que creo que como sociedad y grupo de personas hemos perdido un poco la dirección de la vida.

¡Bienvenidos a la cuarta cápsula viajera!

Como humanidad ya estamos perdidos, perdimos el norte.

Nos dedicamos en la vida a ver a los demás en vez de mirar al espejo que está justo en frente de nosotros. Criticamos a los fitness que aman el deporte pero también nos fastidian aquellos que no hacen nada y se pasan todo el día en casa tumbados en el sillón viendo series de Netflix.

Como personas ilógicas  que somos (porque sí, ya lo doy por hecho y lo digo sin ánimos de ofender). Nos encanta criticar al hombre que regala flores y es un cursi con su pareja pero no nos basta con eso, NO, ¡claro que no! También criticamos al que le pega a su mujer y abusa de ella todos los días.

En las reuniones familiares criticamos a la prima que se casó a los 25 y hasta nos atrevemos a decir que desperdició su juventud uniéndose a tan temprana edad.. Y bueno, claro, 5 minutos después criticamos a la solterona de 30 que no se le para al lado ni una mosca.

– Criticamos a la tía con 8 hijos pero también a la tía que «jamona» o que no se ha casado.

– Criticamos a la que lleva el pelo muy lacio pero también a la chica de las rastas.

– Criticamos a la flaca a la que se le ven los huesos pero también a la gordita que vive feliz a su manera.

– Criticamos a la señora con piel flácida y arrugas  pero también hablamos de la que tuvo el dinero para llenarse de botox la cara.

– Criticamos al que estudia mucho y se pasa de matado y también al que estudia poco.

– Al que comparte su vida en redes y al solitario que no tiene ni facebook.

– Hablamos mal de las rubias pero tampoco nos gustan las morenas.

– Criticamos a los que toman y a los que no se dan ni un shot de perla negra.

– Criticamos a los que bailan reggaeton pero tampoco nos gustan los que bailan salsa o merengue.

– Miramos mal a los egoístas pero nos cagamos en los bondadosos.

– Criticamos a los que les sobra el dinero pero también nos irritan los pobres.

Ajá, ¿y entonces? ¿Cómo es la cosa?

La vida se nos va criticando, viendo lo malo del otro y nos hace falta mirar todo, absolutamente TODO lo que tenemos mal nosotros. Perdemos tanto tiempo en esa acción de tan malacostumbre del ser humano y es lo único que no vuelve atrás, el tiempo. Es lo único que se resta continuamente, donde menos es menos de verdad y lo único que estás desperdiciando en cada segundo de tu supuestamente útil existencia.

Deberíamos aprender todos a ver lo bonito. A sentir que todos somos iguales, que todos nos equivocamos, que todos tenemos un lado positivo y que solamente nos diferencia un nombre. Deberíamos aprender a observar en lugar de criticar. El sacar culebras y serpientes por la boca constantemente solamente nos enferma y nos marchita internamente.

Lo triste del asunto es que hagas lo que hagas, hablarán de ti, criticarán todo, lo importante es que no te vuelvas otro borrego del rebaño, mientras los normales van por la vida mirando a los demás, atrévete a mirar algo más allá.

Porque quizás esa gente ya perdió su dirección y el Norte de la vida, pero tú sabes que existe el Sur, y que el Sur es un mejor lugar para no dejar que los normales apaguen tu luz.