Hoy 21 de julio de 2040 es el día más importante de mi vida. Des de que era pequeño que me pasaba día y noche revoloteando por el bar de mis padres, que me veía todos los programas y libros del Arguiñano, siempre soñé llegar donde estoy.
Si no lo habéis adivinado aun, me presento, soy Jesús y hoy me harán la entrega de mi primera estrella Michelin. Han sido unos años muy duros donde no hemos parado de trabajar en platos y recetas, innovar con esferificaciones, sublimaciones y desintegraciones de la comida. Hemos creado los mejores platos de Madrid en nuestro restaurante flotante “L2s García” y estoy muy orgulloso de ello.
La ceremonia es a las 19:00 pero de los nervios me he despertado 12h antes. Me acabo de dar un baño relajante y no sé qué ponerme ¿me visto ya? Quizás es temprano. Pero hoy va a ser un día muy largo y especial. Al final he decidido por ponerme mi mejor traje: la parte superior blanca con 10 botones negros, unos pantalones negros y mi gorro blanco. Bueno blanco… No os lo he dicho, pero fue un regalo que me hizo mi padre cuando abrí el restaurante hace ya muchos años. No me pudieron financiar mucho la inversión, pero ese regalo tiene un valor incalculable, con ese gorro empecé y nunca me ha abandonado es por eso por lo que tiene un color amarillento, pero para mí siempre será blanco.
Y tras ponerme como un pincel decidí ir al restaurante y esperar que pasaran las horas. Hoy como era un día tan especial no teníamos mucha faena al mediodía, eso sí, teníamos que preparar nuestro menú degustación para todos los críticos que iban a llegar para después de la ceremonia.
Nuestro plato estrella era açai de goji con fécula de Gryllidae texturizada y salsa vaporizada de camu camu. También era el más elaborado, así que me puse manos a la obra con mis pinches y pinchas a buscar todos los ingredientes y poder empezar a hacer todas las salsas y texturas.
Pero ¡OSTRAS! Nos dimos cuenta de que el avión proveniente de Turkmenistán, que nos traía a diario los Gryllidae no había venido hoy, habían tenido una avería. Teníamos un problema. En un día tan importante no podía hacer un plato sin su ingrediente principal, el que le da el gusto. Teníamos poco tiempo, había que pensar con cabeza. Entre todos decidimos que lo mejor sería que mis ayudantes se quedaran preparando el resto de los platos e ir yo directamente a buscarlos. Turkmenistán no está tan lejos, con los cocheviones que hay hoy día se puede ir rápido a cualquier parte del mundo. Llamé a la central que me prepararan el pedido y en unas horas lo recogí.
Entonces miré el reloj y tenía el tiempo justo para llegar a ceremonia. Como pillara atasco o cualquier cosa, no iba a llegar. Empecé a preocuparme, hoy tenía que salir todo perfecto. Empecé a acelerar e iba con rumbo fijo mirando el reloj cada 5 minutos. El tiempo pasaba y por mucho que le pisaba, eso no podía ir más rápido, al final tendría un accidente espacial.
Por suerte llegué a tiempo, faltando 5 minutos. Iba medio sudado, pero rápido pude cambiarme para no oler a puma. Menos mal que siempre guardo en el restaurante ropa por si me sucede cualquier accidente de esta índole. Entonces me puse manos a la obra con mis ayudantes a dejar listos esos platos y justo para las 19 abrimos al público.
Respecto lo que sucedió después, solo puedo decir que fue felicidad, no podía estar más contento, y ver a mi padre con esa mirada no hizo falta más para ver lo orgulloso que estaba de mí.
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