Antes de empezar, bienvenidos nuevamente mis nubosos, hoy quiero agradecer no solo a la familia de los templarios sino a ustedes mis lectores que semana tras semana están ahí leyendo y comentando mis blogs. La familia templaria ha decidido honrarme con nada más y nada menos que, la oficialidad como miembro fijo del equipo de blogueros de HabboTemplarios, mil gracias por confiar en mí y en las alocadas ideas e historias que salen de mi cabeza. Así que ahora sin nada más que agregar, empecemos con el capítulo de hoy. El segundo capítulo de La Gran Novela.
2
VOLVER TRAE RECUERDOS.

ISABELLE
Han pasado dos meses desde que nuestro padre nos convocó a todos a casa. Creo que al igual que yo, todos evadieron el llamado, nadie quiere regresar al infierno de donde ya salimos, pero no podemos evitarlo todo el tiempo, es hora de regresar, aunque no queramos debemos enfrentar al tirano.
La casa sigue tal y como la recuerdo, enorme, lujosa, con el mismo personal, el cual se ha mantenido de algún modo fiel a mi padre durante todos estos años y que debe ser solo por la gran suma de dinero que este les paga, todo resulta en una horrible pesadilla para mí.
—¿Lista? —su voz me hipnotiza, pero no debe mostrar mis sentimientos aquí, es peligroso para mis planes.
—Si, pero primero debo visitar la tumba de mi hermano.
—Está bien, te veré adentro, recuerda nadie puede sospechar nuestra intención.
—Tranquilo, todo saldrá según lo planeado.
Es tan perfecto, tan inteligente, y con codicia, como me gustan los hombres. Él y yo llegaremos muy lejos. Lo beso y me despido por ahora.
El jardín de la mansión sigue igual al como lo recordaba, especímenes de distintos tipos de rosas, violetas, hortensias, y ahí, entre toda la belleza, se encuentra su tumba, gris y sin vida en contraste a todo lo demás. Ahí descansa en paz mi hermano mayor.

ALBERTO
Todos han vuelto. Mis hermanos están de regreso y de seguro ando buscando quedarse con mi herencia. No se los permitiré. La banal y superficial de Isabelle, el bueno para nada de Gullian y la rara de Antonieta. Nos criamos juntos, pero somos tan diferentes, si no fuera sido por mi madre ya nos fuéramos matado entre nosotros. A la hora de la cena todos nos reunimos alrededor del comedor, cada uno toma su asiento de antes, pero con una diferencia, miró y me doy cuenta que hay un asiento demás, a quien estará esperando mi padre.
Sea quien sea él o la invitado de seguro se llevará un buen show esta noche, la familia Florentelli es bueno en eso, y más que todos estos jaguares quieren destrozar a mi padre por obligarlos a volver.

ANTONIETA
Ver a mis hermanos de nuevo me alivia un poco, Isabelle sigue idéntica, Alberto luce mayor y Gullian ha crecido bastante. Ya no somos los niños que éramos hace años, traviesos y asustadizos de mi padre. Aunque en realidad, todos les seguimos teniendo miedo, o por lo menos, yo sí.
Durante la cena todos toman su asiento de antes, pero puedo darme cuenta que hay una silla demás en la mesa y no puedo evitarme preguntar a quién estaremos esperando.
¿Saben a quién estamos esperando? —pregunto rompiendo el silencio.
Nadie responde de inmediato. El silencio sepulcral se mantiene hasta que al fin alguien se atreve a darme una respuesta.
—Seguro es a la nueva amante del dinosaurio —dice Isabelle con ironía en su tono.
Todos ríen.

LUZ
La casa es enorme, es decir, si la imagine grande pero no tan grande, fácilmente en ella podría vivir el pueblo donde vivo entero y más. No conozco el motivo del señor Florentelli para llamarme ni el por qué dicen que soy su hija, siento que mi vida está en un tornado en este momento. Estoy tan fuera de mi lugar de comodidad. Quisiera solo haberme quedado en mi pueblo, pero ya es tarde.
Cuando entro a la casa es aún más inmensa por dentro de lo que ya se ve por fuera. La recorro un poco y llego hasta la escalera por donde lo veo a él, bajando con paso lento pero firme, es Roberto Florentelli. Es mi supuesto padre.
Continúa esta historia en el próximo capítulo de: LA GRAN NOVELA.
Sé que estuve un tiempo perdido, pero les agradezco a todos la paciencia y que hayan mantenido la fe en mí.
Pronto subiré más, por ahora me queda despedirme.
Atentamente siempre con ustedes,
Cabreraja.
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