Tras este viaje por el tiempo a mis navidades de cuando tenía 6 años, me quedé muy pensativo y a la vez me sentí muy mal conmigo mismo y por cómo me porté con mis padres en aquél entonces.
Pues sí, me comporté como un niño caprichoso que no valoraba lo que tenía y lo que luchaban mis padres por darme lo que quería de regalo.
Entonces me tumbé en la cama y le dije a la voz que se fuera y así lo hizo.
Me quedé dormido y a la mañana siguiente, me levanté con ganas de cambiar el mundo y las cosas.
Le dije a mis padres que como no sabía qué quería como regalo, que guardaran ese dinero que iba a ir destinado a mi regalo de Navidad para ellos por sus grandes esfuerzos a la hora de costearme mis estudios para sus caprichos o necesidades. Que yo sería feliz viéndolos ser felices y respirar un poc
o.
Luego tras hablar con ellos, fui al trastero de casa y saqué las cajas que contenían el árbol, los adornos y el portal de Belén para empezar a decorar la casa con el espíritu navideño.
Le dije a mi padre que participara conmigo y así entre los dos llenamos la casa de ilusión y espíritu navideño.
Luego tras terminar de decorar, le dije a mi madre que me gustaría volver a hacer galletas con ella como lo hacíamos antes cuando era más pequeño y así lo hicimos.
Sentía que me seguía faltando algo para sentirme feliz, y mientras estaba sentado en el sofá con mi padre, sonó el timbre de la puerta.
Fui a abrir y era una chica muy linda de piel blanca como la nieve, pelo castaño y ojos verdes.
Se presentó diciendo que se llamaba Carlota y que ella y su familia se acababan de mudar a la casa de al lado, la cual llevaba en venta ya varios años.
Traía una caja de bombones y galletas, y la invité a entrar.
Empezamos a charlar y a conocernos y de repente empecé a sentir cosas dentro de mi que nunca había sentido en la vida, ¿será amor?
Entre charla y charla nos fundimos entre los dos todos los bombones y galletas que trajo de regalo y nos dimos cuenta de que además de ser de la misma edad, teníamos gustos muy parecidos.
Posiblemente me acababa de enamorar, pero ¿cómo sabes qué es eso si nunca has estado enamorado? Era una sensación muy extraña, que nunca me había pasado. Me dolía la barriga y no era por habernos zampado todos los bombones, tampoco eran gases y descartamos el tener hambre. Lo más raro es que siempre dicen, sientes un hormigueo, como mariposas en el estómago. Yo notaba más bien una ensalada de puñetazos ahí, si así iba a ser el amor, no sé si quería esto.
De todas formas, a ella no le dije nada sobre mi estado, y seguimos hablando de todo en general. Una cosa llevó a la otra, hasta que tocamos el tema que quería evitar sacar a la luz. El tema que me llevaba por el camino de la amargura “LA NAVIDAD”. Yo me encontraba en esa situación, que de la noche a la mañana había cambiado mi perspectiva respecto a ella, y no sé si era lo mejor en esos momentos. Entablar una extensa conversación sobre la navidad quizás me haría perder puntos. ¿Si le gusta mucho? ¿Si la odia? ¿Si no la celebra? ¿Si lo celebra de otra manera? ¿Y si le cuento lo que me pasó, quizás piensa que estoy loco? “Mejor no se lo cuento”. “No sé qué hacer”. Mi cabeza no paraba de dar vueltas al asunto hasta que decidí escuchar y ver hasta donde quería llevar ella el tema.
Carlota y yo fuimos a dar un paseo con la excusa de que le enseñara un poco el barrio y le descubriera esa cafetería, que aunque no tienen los mejores dulces, tienen un café que pocos se atreverían a rechazar.
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