
¡Hola, buenos días, buenas tardes y/o buenas noches!
En el día de hoy, volvemos con el siguiente capítulo de esta maravillosa y nueva entrega. Hoy en día damos por hechas muchas cosas, pero a veces no sabemos el verdadero porque de estas. Pero tranquilos, estoy aquí para ayudaros. En esta entrega vamos a dar respuesta a las preguntas más interesantes y vamos a aprender muchas cosas. ¿Estáis preparados? ¡Vamos allá!
¿POR QUÉ…?
¿Por qué son tan flexibles las serpientes?
El cuerpo largo, delgado y cilíndrico de los ofidios nunca contiene menos de cien vértebras y, en ocasiones, posee hasta quinientas. Por ejemplo, las víboras tienen doscientas y las pitones, cuatrocientas. Todos estos huesos articulados están provistos de un par de costillas que, de algún modo, sustituyen a las patas, ya que terminan en una capa muscular conectada a los grandes escudos de la región ventral, sobre los que se desplazan los reptiles. Las serpientes ascienden y descienden poco común, gracias a la excepcional movilidad de sus huesos y vértebras. Además, poseen tantos músculos intercostales como costillas y más aún en el dorso.
¿Por qué no vemos los sonidos ni oímos la luz?
Es perfectamente posible imaginar que los nervios del ojo fueran a parar al central auditivo del cerebro y los nervios del oído al centro visual, algo así como si al escuchar un concierto »viésemos» las notas musicales y »oyésemos» los movimientos del jefe de la orquesta y de los demás músicos. Esto quiere decir que lo que llamamos »luz» y »sonido» no son más que consecuencias de la impresión producida en partes determinadas del cerebro, que corresponden a dichas impresiones. En algunas personas se dan lo que llamamos »sensaciones asociadas». En esos casos, cuando una parte del cerebro es impresionada por ejemplo por un sonido, lo es igualmente la parte que le corresponde al sentido de la vista; de manera que puede decirse que el sonido ha producido luz. Cuando las personas cuyo cerebro presenta esa particularidad oyen tocar algún instrumento, perciben al mismo tiempo un color determinado; y cambia el color si cambia el instrumento, de modo que una sinfonía puede ser percibida como una eclosión de colores, y viceversa.
Y tú… ¿Lo sabías?
Gracias por vuestra comprensión y amabilidad.
¡Hasta la próxima semana!
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