¡Hola locuelos!

Pues ya estamos aquí de nuevo, ¡en la tercera edición! Una muy especial ya que por fin os voy a contar lo que sucedió después de que Jupimarc me salvara en la farmacia. ¡Hoy no voy a irme por las ramas! Increíble, ¿no? Pero antes de empezar, os dejo la lista de palabras que me habéis dejado en los comentarios de la segunda edición.

La lista de hoy es: «naranjas, catálogo, ñu, derivando, revivir, locura, repamplinfa, devastado, imán, carnestolendas, chicle, SuperNiñata, tra, demonio, chuchurría y Habbo» y sin más dilación, empezamos.

Dos enormes ojos abiertos de par en par, redondos como naranjas, me miraban fijamente al volver del trance tras tomar las pastillas. Su pelo rizado se balanceaba ligeramente en cada golpe que me atizaba con un catálogo del Ikea que llevaba en la mano. Me golpeaba con dureza una y otra vez incluso después de recobrar el sentido. Sentía todo mi cuerpo magullado, como si hubiera sido presa de un ñu enloquecido en medio de una estampida, me encontraba igual que aquella tarde en la que fui cómplice de un asesinato…

Era un frío jueves de invierno; de esos en los que no apetece hacer nada más que quedarse en casa tapado con una buena manta en el sofá viendo películas de amor con tu chica. En mi caso no había manta, tampoco chica, sólo había un pesado a mi lado hablando de matemáticas sin cesar, una pesadilla para mí ya que soy más bien de letras. Entonces golpearon la puerta con mucha insistencia, primero un golpe, otro, hasta que tiraron la puerta abajo y… perdón ya me estoy derivando demasiado y prometí no hacerlo, volveré a lo de la farmacia…

Jupimarc me puso en pie y salimos de la tienda para tomar un poco de aire, fue entonces cuando empezó a hablar de mis sentimientos y propuso lo de las palabras sin sentido. Yo seguía en shock, como ya sabéis, pues para mí era como si acabara de revivir, por el revuelo que las pastillas habían hecho en mi interior. Era igual que aquella ocasión en la que pasé de la cordura a la locura en un abrir y cerrar de ojos…

Estaba tirado en la cama escuchando Metallica en una de esas tardes de febrero donde el frío aún aparecía entre las calles para obligarnos a resguardarnos en nuestras casas. Tenía las persianas bajadas y la luz de la habitación en penumbra, estaba en ese precioso momento en el que uno cierra los ojos y siente como Morfeo le atrapa y le sumerge en el mundo de los sueños cuando…

– ¡Me la repamplinfa lo que me digas! –gritó una mujer.

La voz provenía de una de las casas que hay a pocos metros de donde yo vivía entonces, al parecer estaba discutiendo con su marido.

Me asomé por la ventana para ver qué ocurría y de pronto me encontré con un paisaje devastado por completo. Los árboles tenían los troncos partidos y las copas de éstos inundaban las aceras levantadas por el impacto y golpes de todo cuanto caía por su propia gravedad. Era como si un enorme imán en el centro de la Tierra hubiera atraído todo, haciendo eco de una destrucción masiva. Salté por la ventana sin pensármelo dos veces. En el exterior podía ver como los edificios se derrumbaban, los aviones caían por doquier explotando a escasos metros. Era el fin del mundo, pero aún así, la gente no parecía comprender la gravedad de la situación.

Los jóvenes gritaban por las calles con cierto aire risueño. A fin de cuentas era carnestolendas y estaban disfrutando de la fiesta con sus mejores disfraces, comiendo toda clase de golosinas, desde manzanas de caramelo hasta hilos de chicle infinitos.

Ya me he vuelto a ir por las ramas, lo siento. Intento esforzarme, lo prometo. Intento contar la historia sin divagar, pero me es imposible. Soy muy parecido a una amiga que tengo, la llamamos SuperNiñata porque es bastante cría. Siempre está atrapada en sus niñerías y es imposible verla trabajando, es muy tranquila, demasiado, pero muy infantil.

Recuerdo que una vez, LaPeloponi y yo, tratamos de tramitar un entramado de documentos para que nuestra amiga consiguiera un tractor, a ella siempre le ha gustado el campo, con el típico traqueteo de las máquinas y la tranquilidad de las praderas. Estuvimos dos días rellenando documentos sin descanso y cuando conseguimos tener todos los trámites listos, descubrimos que SuperNiñata se había ido a Transilvania porque había conseguido un trabajo de traductora para un transilvano que por las noches hacía de travestido en un parque de atracciones, era todo un travieso… en fin toda una locura que ya os contaré con más detalles en otra ocasión.

Y de nuevo, me he vuelto a abstraer con otros temas, dejando la trama principal de lado. Soy lo peor. Lo siento de verdad, como ya he dicho antes, lo intento pero, ¿qué puedo hacer? Necesito ayuda para poder terminar de contaros la historia de como el mismísimo demonio se me presentó una tarde en mi casa, con los ojos inyectados en sangre y una cola enorme y flácida -como una vieja y moribunda anaconda chuchurría– en su trasero.

¡Ay no! eso no es lo que os quería contar… si yo os iba a contar lo que sucedió después de que Jupimarc me salvase en la farmacia… pero bueno, ya si eso mejor para la próxima, porque ahora prefiero conectarme un ratito a Habbo, que tengo que arruinarme comprando un par de cofres turmalina.

Y hasta aquí, Vomitando Palabras #3. Ya podéis comentar con la palabra más loca que se os ocurra para la próxima entrega. Recordad que para que apunte vuestra palabra tenéis que dejar explícito que queréis poner una… aunque en el caso de la primera de esta edición no lo he tenido en cuenta ya que esa persona ya me comentó que me dejaría “naranjas” en repetidas ocasiones.

Y, aunque no sirva de precedente, hoy os propongo una tarea más. Al primero que encuentre todos los “tra” que hay en esta entrega (con y sin negrita) le daré un premio especial. No esperéis un dragón turmalina, que soy pobre, pero algo simpático caerá. Un abrazo y ¡hasta la próxima!

Yawakastrado