
¡Hola locuelos!
Soy Yawakasa, nuevo redactor de HT y os presento un nuevo blog que espero os guste y con el que pasemos un buen rato juntos, un blog en el que vosotros participaréis en gran medida ya que, en cierto sentido, sin vosotros, no habrá nada que yo pueda escribir… La dinámica es muy sencilla: os invito a comentar cada edición con una palabra al azar. Cualquier palabra, siempre y cuando no sean obscenidades o insultos, y el resto lo haré yo, introduciéndolas en el orden en que aparezcan en los comentarios en anécdotas e historias. En este caso, en la primera edición (de, espero, muchas) os dejo la lista de palabras que me dio Jupimarc:
Estómago, Azulejo, Vivo, Escarabajo, Payaso, Supervivientes, Andaluz, Glasgow, Eurocopa, Autotune, Televisión, Encargado, Jupimarc, Acueducto y Motorista.
Y ya, sin más preámbulos, os dejo con la primera edición, donde os cuento un poco sobre mí, para que empecéis a conocerme….
He de decir que tiendo a las digresiones y en muchas ocasiones acabo perdiendo el hilo de lo que cuento, es un problema que acarreo desde que una tarde me empezó a molestar el estómago con dolores punzantes. De eso hace ya varios años, al principio no le dí importancia pero al cabo de dos semanas empecé a vomitar trocitos de algo sólido que acabó siendo nada más y nada menos que un azulejo… y os preguntaréis, ¿cómo llegué a comerme un azulejo? Eso es algo que aún no sé, pero como ser vivo que soy, cometo errores, como todos, pero lo importante de esto es saber afrontarlos. Superarlos uno a uno y no tropezar con las piedras. Hay que ser como un escarabajo y sobreponerse a las piedras que uno encuentra a lo largo de la vida. Con esto no digo que tengamos que estar siempre atentos a los acontecimientos desfavorables que nos puedan abarcar a lo largo de nuestras vidas, no podemos dejar de lado a nuestro lado infantil, a ese payaso interior que se deja llevar. Los errores son buenos en la vida siempre y cuando seas un superviviente en este alocado mundo lleno de despropósitos.
Volviendo al asunto, que ya me he derivado suficiente. Tenía unos ardores increíbles, un dolor punzante que me hacía vomitar a todas horas pequeños pedazos de azulejos, y como buen andaluz que soy, decidí tomar medicamentos al azar, con esto no quiero decir que todos los andaluces seamos así de alocados, como en el caso de un amigo que conocí durante mi año de Erasmus en Glasgow, un sevillano que sí estaba loco perdido. Al parecer fue a Escocia porque estaba enamorado de una irlandesa que jugaba al fútbol. A mí me gusta el fútbol, pero él vivía sólo para ver partidos, desde cuarta regional (donde vio a la chica por primera vez en un partido) hasta la Eurocopa o Mundial, es un fanático empedernido. Yo tengo otras aficiones, por ejemplo la música. Pero no la que se hace hoy en día donde el Autotune hace milagros, soy de la vieja escuela, de aquellos a los que el sonido de una buena guitarra nos pone los pelos de punta. Tengo más aficiones como la lectura, deporte, charlar… en fin una larga lista de hobbies, pero en absoluto la televisión, no suelo ver ese aparato, prefiero sentarme a leer algún libro.
Lo siento, me he vuelto a ir por las ramas. En fin, me tomé los medicamentos. Muchos. Hasta tal punto que me desmayé en la misma farmacia donde los compré. El encargado no estaba entonces, pero alguien me encontró en el suelo teniendo mis (ya habituales) alucinaciones y me despertó con un par de bofetadas y mucha agua fría. Al abrir los ojos, lo vi frente a mí con una sonrisa de oreja a oreja. Me guiñó un ojo y me dijo su nombre, algo así como Jupimarc. Me pidió que le contara porqué se me ocurrió semejante estupidez y escuchó todo lo que dije con suma atención.
-Deberías intentar drenar tus impulsos, tus arcadas, -dijo al fin, tras concluir mi relato- imagina que tu cuerpo es un acueducto, una estructura de piedra por la que circula cantidad de emociones y sensaciones, si no intentas controlarlas se desborda, como te ha pasado.
Me agarró de los hombros y me incorporó mientras me hablaba de doctores y medicinas alternativas. En concreto, una técnica medicinal relacionada con la asociación de palabras, algo que no entendía en absoluto. Pero él proseguía con su discurso, hablando sin parar, como un motorista avanza por a autopista circulando a gran velocidad.
Días después lo entendí. Al parecer, la única forma de poder contener mis sentimientos es asociando palabras al azar y construir historias o relatos, pero para ello necesito a alguien que me diga estas palabras, que me marque el camino a seguir. ¿Podrás ayudarme?
Y hasta aquí la primera edición de Vomitando Palabras, espero que os haya gustado y que tengáis las mismas ganas que yo de seguir con este nuevo y loco blog. Comentad con las palabras que queráis, siempre respetando la Manera Templaria y los 15 primeros comentarios formarán parte de la historia. Os espero para la próxima edición y, sobretodo, gracias por leer mis locuras.
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