¡Hola locuelos!

Pues de nuevo por aquí, Décima entrega de Vomitando Palabras, la última… del mes de octubre. Y esta vez, por tratarse de una edición tan especial (¡y es que llevamos ya 10 semanas con esto!) quería traeros algo diferente. En esta ocasión no os daré la lista de palabras que me habéis dejado en los comentarios de la anterior entrega, las tendréis que encontrar… pero pasemos primero a la historia y ya os contaré el juego después…

¿Recordáis a Mino? Aquel gato que me salvó cuando me secuestraron. Pues, ahí estaba, de nuevo. En el otro extremo de la calle, la misma por la que se asomaba aquel extraño que exigía mi doblón de oro con arrogante semblante y con un traje violeta entallado. Las agujas de los relojes habían dado ya muchas vueltas desde aquel episodio en el sótano de una casa donde Mino acabó peleando con una tarántula, pero aquel gato volvía a asomarse en mi vida para ayudarme.

Exigí al agente que me ayudara, pero seguía con la cantinela de que no podía dejar la bicicleta en ese sitio, como un robot repitiendo la misma frase, una y otra vez. La música que sonaba en el interior del coche del agente se interrumpió y empezó a hablar una mujer. “Id a la cuarta con la avenida Maddison, tenemos un sospechoso con arma blanca…” la voz desapareció y Randy siguió cantando su tema, Lokita, en la radio.

El agente dejó su discurso y miró atrás. Al parecer el aviso de radio era por el loco del traje violeta que teníamos a dos pasos, con el estilete en el aire amenazándome a gritos.

–¡Apártate, chico! –gritó el agente poniéndose frente a mí.

El inspector de doblones embistió con fuerza al policía y ambos rodaron por la acera dando vueltas entre los coches que intentaban esquivarlos con frenazos. Yo me quedé congelado, mientras el gato se acercaba con paso firme hacia mí. Llevaba una riñonera de la cual sacó un pintalabios cuando estaba a mi lado. Se repasó los labios felinos y me miró fijamente.

–He de decir, que he visto demasiadas cosas en mi vida: desde una asteroidea en una playa intentando cazar gaviotas hasta un pollito alimentándose de piojos de los otros animales de la granja… pero nunca he visto semejante…

¡Un monstruo salvaje ha aparecido! –gritó el agente tirado en el suelo, al ver al gato parlanchín.

El inspector de doblones se puso en pie y miró al gato como si ya lo conociera e, irritado y sobresaltado por los acontecimientos se acercó a él, arrastrando una pierna magullada por tantos golpes.

–¡Callad, felino aristócr…

¿Pero por qué?

¡Cállate gato! –dije yo intentando encontrar una explicación a todo lo que ocurría.

El inspector Petricor cogió al gato por el collar y lo sostuvo frente a su cara unos instantes, mirándolo fríamente. El gato maulló, sin mediar ninguna palabra esta vez.

–Tu currículum es extraordinario –dijo aún con el gato a la altura de su cara–. Pero se acabó el jugar al ratón y al gato contigo… no deberías meterte en estos asuntos, pequeño granuja. Deberías triscar como tus semejantes y no inmiscuirte en los asuntos de los…

El agente de policía interrumpió el discurso del inspector con un golpe de porra en la nuca que dejó inconsciente a aquel gruñón. El gato saltó como un poseso y acabó a mi lado, sin decir nada, tan solo observaba el cuerpo desplomado del que parecía su enemigo más íntimo. Lo miraba con cierta cara de satisfacción, como si estuviera recitando en su interior algún mantra. Yo me desmayé; como de costumbre.

Días después desperté aterrado, pensando que no era yo mismo el que estaba frente al espejo de mi habitación. Recordé todo aquel revuelto que sucedió y tenía la extraña sensación de que todo aquello vivido no fue más que un sueño de mi etapa en la vida en la que no sabía distinguir los sueños de la realidad.

En la radio sonaba la canción de Chaparría por tu recuerdo, que se mezclaba con una ligera brisa, filtrada por la ventana. La luz de la luna se asomaba con vergüenza tras las cortinas, afuera, donde un baile de sombras de ramas jugaba con mi imaginación. En la mesa brillaba la moneda que encontré en el desván y…

de pronto, un estornudo, bajo mi cama…

Y hasta aquí la décima edición de Vomitando Palabras. Espero que os haya entretenido y que tengáis ganas de más historias como ésta. Ya sabéis la dinámica, vosotros dejáis las palabras en los comentarios y yo las hilo para crear un relato. Los tres primeros en comentar podéis dejar, también, una frase que incluiré como las tres que estaban en negrita en esta entrega. ¡Un abrazo y hasta la próxima!

¡Tranquilos que no me he olvidado! Aquí os dejo el juego… en el que tendréis que encontrar las palabras que forman parte de esta nueva entrega en la Sopa de letras que tenéis debajo. Hay 12 palabras y sólo pueden ganar 3 personas… pero, cuidado porque no es tan sencillo. De las 12 palabras que se encuentran escondidas, tenéis que encontrar 4 y publicar en Twitter la captura con las 4 palabras encontradas, mencionando a @HabboTemplarios con el hashtag #VomitandoPalabras. El primero en encontrar las primeras palabras ganará una estampilla y condicionará a los siguientes, ya que NO PUEDEN REPETIR LAS PALABRAS. Es decir, que tendrán que publicar captura con otras 4 palabras y así el tercero enviará las 4 palabras restantes.

Suerte a todos y espero que no sea muy difícil el reto. Y ahora sí, ¡hasta la próxima!

Yawakasa

(Toma una captura de la imagen y encuentra las palabras)