
¡Hola locuelos!
Por decimoséptima vez tengo el placer de entregaros una nueva edición de Vomitando Palabras, que no sería así de no ser por vuestros comentarios con palabras. De veras, os lo agradezco y espero que estéis disfrutando de este blog tanto como yo. Y sin más dilación, os presento la lista de esta semana: “Popeye, relicario, Fortnite, Artemisa, bergamota, abordaje, epildrofuigoza, desodorante, pellizcaste, peste, Egipto, Mino, villancico, chachi piruli, valle y palabra” además, en esta ocasión os traigo un juego que espero os guste. He incluido 5 palabras, una por cada una de las cinco primeras ediciones de Vomitando Palabras, pero no están escritas. Tendréis que acertar la palabra en función de la frase donde va. Os lo he puesto “fácil” ya que están en orden, es decir: el primer hueco corresponde a una palabra de la primera edición, el segundo, de la segunda edición y así hasta la quinta. Espero que no os volváis locos y consigáis superar este jueguecillo. Y ahora sí, ¡que empiece esto!
Total, que al final decidimos ayudar al unicornio para matar a los duendes y conseguir rescatar a su hermana de las garras del pirata patapalo. Todo muy correcto y normal, ¿no?
–Pero, ¿cómo vamos a matar a esos duendes? –pregunté tras caer en la cuenta de la situación a la que nos íbamos a enfrentar.
–Contactaré con un amigo. Popeye –dijo Retamborea2, el unicornio metálico–, no el Popeye de los dibujos, un amigo de la infancia. Un crack en armamento y explosivos. Tiene un relicario donde no guarda joyas precisamente. Se entrenó durante muchos años jugando al Fortnite. Es una machine. Ya veréis.
Me quede boquiabierto, no sabía si el plan iba a cuajar realmente o si el único que saldría ( 1 ) de esa batalla sería el pirata y su ejército de duendes. ¿En serio esto era real?
Esperamos un par de horas en el almacén donde Retamborea2 estaba desquiciada. La mayoría del tiempo lo pasó contándonos anécdotas suyas con su hermana, a veces lloriqueaba al echarla de menos y otras se pasaba de emoción y se reía a carcajadas al recordar algunos hechos. No estaba muy bien que digamos, pero le empezaba a cierto coger aprecio.
El rugido de una moto, quizá una ( 2 ), interrumpió al unicornio en una de sus historias. Se abrió la puerta de metal y apareció un tipo musculado hasta las nubes con una pinta terrorífica. Calvo, con barba de unos meses y un puro en su boca del que fumaba sin parar. Sí, sin duda era un tipo duro.
– ¡Por el arco de Artemisa! –farfulló Popeye–. Que me aspen. ¡Cuánto tiempo!
Popeye se mostraba exhausto al ver a su amiga, parecía que no se habían visto en mucho, mucho tiempo. Se desprendió de un cinturón con granadas explosivas, pequeñas y redondas. Alguna que otra parecía una bergamota, y se lanzó a abrazar al robot con un grito similar a: “¡al abordaje!”. Tampoco estaba muy bien de la azotea que digamos…
Me di la vuelta y miré al gato, estaba perplejo, también. No conseguíamos entender nada de lo que nos estaba pasando. De pronto noté algo en mis posaderas. Un golpe que me empujó hacia adelante fuertemente.
– ¡( 3 )! –gritó Popeye exhausto tras de mí. Y empezó a reír como un loco.
Lo vi partiéndose de risa, gritando sin parar y diciendo absurdidades, una seguida de otra, sin dejar de hablar. Estaba muy, pero que muy mal de la cabeza.
–Vengo de un maldito asedio a la NASA. Hay unos gamberros que se han escapado y me contrataron. Era una locura todo aquello… tan serios, tan formales. ¡Vamos, hombre! Animaos un poco. ¿Habéis probado la epildofruigoza…? –Popeye sacó un frasco de uno de sus tantos bolsillos de su chaleco.
No dijimos nada, en verdad no nos podríamos haber imaginado ni esperado semejante situación. Estábamos los dos traspuestos. ¿Acaso éste tío nos iba a ayudar? Acabaríamos todos en la cárcel o en un ataúd. El plan no iba a funcionar.
– No seáis ( 4 ) y tomad unas cuantas. Es como el desodorante líquido, una vez lo pruebas no puedes dejar de tomar…
–Estás asustándoles –intervino Retamborea2–, ¿no ves sus caras?
Noté un dolor punzante en mi tobillo y grité desconsolado. Realmente era muy doloroso y molesto. Miré abajo y vi al gato con sus manitas en mi tobillo.
–¿Por qué me pellizcaste? –dije y aparté al gato.
–Shhhh… tenemos que irnos de aquí. ¡Ya! Estos tíos nos van a traer la negra –el gato sólo sabía decir peste del unicornio.
–Recuerdo cuando estaba en una intervención en Egipto y nadie me hizo caso –Mino seguía a lo suyo–, por culpa de cuatro insensatos y un ( 5 ) que no las veía venir acabé por las calles medio muerto. Y esto va acabar…
Mino se calló, más que nada porque no se le oía. Aquellos dos locos empezaron a gritar y a cantar con todas sus fuerzas un villancico navideño sin lógica alguna.
–¡Vamos, chicos! –gritó Popeye en medio de la canción–, tenéis que cantar para que la suerte nos acompañe en nuestra aventura. ¡Si no, no lo lograremos!
Mino me arañó de nuevo y se dio a la fuga. Se escabulló por entre algunas mesas y, con un par de brincos, se colocó a la altura de una ventana. Dio un enorme salto con tirabuzón y se colgó de una enorme lámpara de telaraña que colgaba del techo. Se balanceó bajo la atenta mirada de los tres.
– ¡Chachi piruli! –exclamó Popeye–, ¡éste sí sabe montárselo!
La lámpara cedió y se descolgó, Retamborea2 soltó un bramido y Popeye se abalanzó sobre ella, yo me aparté instintivamente y la lámpara se hizo pedazos en el suelo. Mino dio un brincó y cogió una granada del cinturón que había dejado Popeye. La alzó y miró a aquellos dos con frialdad.
–Te has metido en el valle equivocado –dijo el musuculitos, tirado sobre Retamborea2–, no pretendas enfadarme, gatito… creía que íbamos juntos en est…
–Ni una palabra más –espetó Mino enfurecido. Sin duda, no era el gato que yo creía conocer.
Y hasta aquí esta edición de Vomitando Palabras, espero que hayáis disfrutado y que consigáis resolver el juego que os propongo sin dificultad. Podéis participar todos, a través de Twitter con el hashtag #RescaHTandoPalabras y mencionando a @HabboTemplarios. Con las cinco palabras que creéis que encajan en los huecos con el número al que corresponden cada una. Los más rápidos en acertar tendrán sus premios y recompensas. Y nada más por hoy, un saludo y muchas gracias por leer y participar, recordad dejarme alguna palabra para la siguiente entrega y nos vemos el próximo martes. ¡Hasta la próxima, locuelos!
Yawakasa
Obtener esmeraldas





Comentarios cerrados.