¡Hola locuelos!

Martes de nuevo y no os podía dejar sin vomitera esta semana… así que aquí estamos para darlo todo con una nueva entrega de Vomitando Palabras, ¡la 23 ya! Espero que os guste esta entrega y que queráis más. Demostrarme ese amor con muchas palabrejas, que sino… no quedará nada que escribir y estaré sad vomitando por las esquinas sin nubes para medicinas. Pero bueno, menos monsergas y más palabras, ésta es vuestra selección para esta nueva entrega: “conflictuar, gravísimo, pistola, lujuria, chimuelo, Corjolio, río, lobo y Rodolfo” y sin más dilación, que comience esta locura ya.

 

Ahí estaba yo, en un restaurante en busca de una moza a la que conquistar, aunque en muchas ocasiones la gente sólo entraba en ese restaurante en busca de conflictuar y acabar pegándose en la parte trasera del local, entre los cubos de basura. Alguna vez me pasó que al intentar ligarme a una chica apareció un hombretón detrás de ella con ganas de gresca.

Para él era un caso gravísimo de irrespetuosidad con respecto a él ya que él consideraba que esa chica era propiedad de él. Algo muy pasado de moda, de allá por el siglo XV o XVI… total que el energúmeno me sacó del local por la parte trasera a empujones y, a solas bajo la fría luz de una farola, sacó una enorme pistola del interior de su chaqueta y me apuntó. Yo estaba exhausto ante semejante situación. Pero bueno, eso es una historia que no acaba bien y no me apetece seguir contando, demasiados recuerdos…

Total, que estaba en la barra y me pedí una cerveza de jengibre -bebida extraordinariamente deliciosa, pura lujuria embotellada y servida con cañita- y miré a mi alrededor. En busca de una rubia, o una morena, o una pelirroja, en fin, daba igual mientras no fuera un viejo chimuelo disfrazado de mujer, que de esos hay muchos y nunca hay que fiarse de las apariencias, sobretodo en qué sitios.

Debo reconocer que no ligue nada, como la Katy Perry en la gala de los Grammy. Y Mino seguía roncando hasta que me tropecé con la maldita silla… no perdón. En esos momentos aún no conocía a Mino, esta era la historia de un sueño… (esto ha sido un lapsus grave, espero que no lo tengáis en cuenta) Cuando volví a casa una noche y tropecé con la silla en la que estaba Mino roncando fue hace mucho tiempo.

Yo era un jovencito entusiasmado por las fiestas y las discotecas y acababa de conocer al que creía iba a ser el amor de mi vida. Y es que, a pesar de parecerme a Corjolio y lo creaís o no, ligaba como un mastodonte erguido al pie de un caudaloso río. O como un lobo en época de conquistar hembras en medio de los abedules de un bosque perdido de Canadá. En fin, que aquella noche, conocí a una preciosa mujer de ojos claros y pelo dorado, mofletes rojizos y sonrisa inolvidable, aunque acabó llamándose Rodolfo. Y si queréis, el próximo martes os lo cuento.

 

Y hasta aquí, vomitando Palabras 23, espero que os hayáis divertido leyendo estas locuras y que tengáis ganas de más la próxima semana. Un abrazo a todos y gracias por visitar el blog, leer y comentar. No olvidéis dejarme palabras, sino no hay nada que escribir… de nuevo gracias y nos vemos pronto. ¡Hasta la próxima!

Yawakasa