¡Hola locuelos!

¿Cómo va la semana, gamberros? Espero que por ahora haya sido leve y el martes os haya pillado de imprevisto. Y para hacer la semana más amena, aquí os traigo una nueva entrega de Vomitando Palabras, el blog más loco de HabboTemplarios, un blog que sin vuestras palabras, no existiría, así que ante todo quiero daros las gracias por leer y dejar los comentarios que dan vida al blog. Y sin más rollos aburridos, os dejo la lista de palabras que me habéis dejado para esta nueva entrega: “aluciplante, azucarero, clicker, carnaval, cassette, WhatsApp, módem, tocadiscos, bits, repartir y beep beep” esta semana no he incluido las frases, espero no me peguéis… ¡Y ahora sí, que empiece esta locura!

 

Rodolfo.
¿Quién era Rodolfo? Rodolfo no era más que una preciosa rubia que conocí en una pizzería una noche de locuras mías cuando era un jovencito gamberro. En aquella época de mi vida no había nada más aluciplante que salir de juerga a tomar algo en locales llenos de jovencitas. Y una de esas noches conocí a la que resultó romper esa época de mi vida. Rodolfo.

Se hacía llamar Carmela, oh Carmela, ¿qué fue de ti, azucarero para mi café? Estaba en la barra jugando al móvil. A uno de esos juegos de clicker, dándole al dedo sin parar. Se dejó el dedo pulsando una y otra vez la pantalla y yo, como buen galán que soy, le ofrecí un cubito del cóctel que tomaba. Le pasé el hielo por la yema del índice y la conquisté en un santiamén. Pude ver una danza de brasileñas en carnaval en el reflejo de sus ojos, era la alegría por haberme conocido. Lo sé.

Estuvimos un rato hablando en la barra, de mis gustos, de sus gustos. Le encantaba pasar las tardes en el sofá escuchando cassettes de Britney Spears y Blur ¿que no sabes quiénes son? maldito millenial… hablamos y hablamos hasta que me dio su WhatsApp por si algún día decidíamos quedar para escuchar algún LP de Pink Floyd, pero no pudimos esperar y me invitó a tomar una cerveza en su apartamento, a dos esquinas de la pizzería.

Accedí sin pensármelo dos veces, fuimos corriendo a su apartamento a escuchar algo de rock de los ochenta. Un poquito de AC/DC, los Rolling… nada que ver con la música actual que sacan hoy en día que parece un módem de 1990 con Autotune. Así que en cuanto llegamos al salón, Carmela/Rodolfo encendió el tocadiscos y empezó a rodar un LP de Peter Frampton, una delicia para los oídos.

Se metió en la cocina y sacó dos copas de vino llenas de un Oporto con más cifras que bits tiene un byte y se sentó junto a mí, me pasó una copa y alzó la suya al aire. Brindamos y tras un largo y sonoro sorbo las dejamos en la mesita. Supe en ese momento que era hora de repartir (y no pizzas precisamente), así que me encarrilé hacia ella y abrí la boca de par en par. Era el gran momento cuando de pronto de su boca salió un inesperado “beep beep” que apestaba a lubricante de motores diésel…

 

Y hasta aquí Vomitando Palabras 24. Para ver cómo continúa esta historia deberemos esperar al próximo martes y que me dejéis muchas palabras para poder continuar. Espero que os haya gustado la entrega de esta semana y que tengáis ganas de más. Ya sabéis, me dejáis las palabras y yo las incluyo en la historia. ¡Un abrazo a todos, muchas gracias por leer y nos vemos muy prontito!

Yawakasa