
¡Hola locuelos!
Pues, de nuevo martes y como tal aquí os traigo una edición nueva de Vomitando Palabras, con ración extra de aprecio y con muchas esperanzas de que os guste. Os dejo la lista de palabras que me habéis encomendado para esta edición: “apoteósico, batalla, saludos, Voldemort, antojo, rana maliciosa, mujo, mijito y abduzcan” y visto que la propuesta que os dejé para interactuar con twitter no tuvo éxito, esta semana están sólo las dos frases que dejaron en comentarios los primeros. Y ya, sin más dilación, que arranque esta nueva edición.
Carmela se quedó de pie frente a mí, con una cara de verdadero estupor. Tenía unas ojeras marcadas y los ojos parecían salirse de sus cuencas en cualquier momento, era un rostro terrorífico y acongojante. Daba miedo, pero transmitía cierta tristeza inexplicable y, como si de un apoteósico final telenovesco, estornudó con tanta fuerza como un barco de batalla lanza sus cañones. Fue digno de un severo aplauso y vítores desenfrenados, pero yo tenía algo que hacer. Tenía que salir de ahí como fuera y cuanto antes.
Me invadió una extraña sensación, mezcla de temor y nostalgia que me empujaba a salir corriendo y abandonar aquella casa. ¡Sé que aquí hay mucha plancha! y la hubiera habido si me hubiera quedado, pero salí corriendo como el cobarde que muy sabéis que soy, saludos, por cierto.
La noche era tenebrosa, como en la que Voldemort mató a los padres de Harry, afuera el viento soplaba con fuerza y los árboles quedaban al antojo del frío que soplaba por todas partes. Era octubre, noviembre, diciembre, ¿qué se yo? Y la nieve amenazaba desde las nubes, como una rana maliciosa amenaza en el filo de un nenúfar apuntando con su enorme lengua a un mosquito. Así me sentía yo aquella noche, como un indefenso mosquito que en su día fue incluso temido pero ahora se veía presa de un depredador al que las palabras no le llegaban.
Volví a casa y pensé seriamente en lo que había acontecido desde que visité la pizzería. Algo había pasado en aquella mísera noche, algo me había transformado. Desde entonces soy el mujo que soy y no volví a salir a apresar a mujeres como había hecho hasta la fecha. Ya no era el mismo, ansiaba la compañía de un mijito, de alguien que me diera consuelo, pero no llegó.
Los días pasaron, como las hojas se desprenden de las ramas. Las semanas volaron como los veleros cruzan océanos, pero no cruza el mar sino vuela un velero bergantín y de pronto me vi tumbado en la cama con una barba rizada y larga como había sido mi silencio. Abrí los ojos y frente a mí vi a un gato. Ese gato que ya todos conocemos, era Mino. Me dio una palmadita en la mano y sonrió. “Que me abdzucan los extraterrestres si no ha sonreído ese gato” pensé yo al verlo sonreír. Y así fue. Me abdujeron…
Y hasta aquí la entrega semanal de Vomitando Palabras. Si queréis más, ¡no dudéis en dejar vuestras palabras en los comentarios! Cuantas más palabras, más larga será la historia, y para la semana que viene quizá nos vayamos al espacio, ¿quién sabe? Espero que os haya gustado esta entrega y que tengáis ganas de más. Muchas gracias por vuestra visita, por leer y comentar y espero veros de nuevo el martes que viene. ¡Un enorme abrazo a todos! Y hasta la próxima.
Yawakasa
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