
¡Hola gamberros!
De nuevo estamos a miércoles y, esta semana sí, tenemos una nueva entrega de Vomitando Palabras. Lamento haberos dejado la semana anterior sin entrega pero me fue imposible, por eso esta semana os traigo una un poco más extensa, para compensar… que viene con las siguientes palabras que me habéis dejado en comentarios: “sociedad, derecho internacional, león, navegación, boleto, jurásico, estrella, está divertido, atelofobia, nictálope, espiral, lóbulo, osito, tigre feroz, romántico, alucinado me quedé y perinola“ Y sin más dilación, que empiece la entrega semanal. ¡Espero que os guste!
Vamos a hacer un pequeño resumen de los acontecimientos. En entregas anteriores nos encontramos una horda de seres infectados por una enfermedad relacionada con el COVID-19 y acabamos en una tienda donde encontramos un mapa y una arma misteriosa. Con la intención de ir al aeropuerto para secuestrar un avión y llegar a las islas señaladas en el mapa me distraje y acabamos en un fatal accidente donde Mino posiblemente pierda su vida… Desesperado y sin saber dónde ir a por ayuda, entré en un gran local abandonado donde encontré a un ser extraño que (al parecer) me absorbió y donde me encuentro ahora con un pobre hombre que lleva encerrado en el mismo sitio que yo mucho más tiempo…
Las patadas y los gritos no sentaron bien al monstruo que nos había “comido” o donde fuera que estuviéramos encerrados, pero la cuestión es que nos encontrábamos en el interior de algo que no estaba muy contento con mi actitud rebelde.
Cha Aun Wood, mi compañero, tampoco aprobaba mi comportamiento y, llevándose las manos a la cabeza, como si así pudiera no inmiscuirse en mi revuelta social particular. Era la muestra disconforme de la sociedad, o eso creía yo, a cada patada que daba y a cada puñetazo contra aquellas flácidas paredes.
Al final me cansé. Sí… todo en esta vida tiene cierta duración y, dado que sólo conseguí enfadar a aquel monstruo al principio, seguí dando patadas durante un par de horas, pero me cansé antes que él. Cuando tiré la toalla, por un momento, me senté y miré a mi compañero, que seguía en su mundo sin decir palabra y sin prestarme atención alguna.
—¿Ya te has cansado? —preguntó tras un largo silencio.
—En breve sigo, no te preocupes.
—No servirá de nada —dijo como si en vez de hablar tomase sus últimas bocanadas de aire, antes de morir.
—Vamos, no te pongas así. Algo debemos hacer. Tengo a un amigo fuera que necesito salvar y…
—No hay forma de salir —dijo, poniéndose en pie.
Ahora que estaba de pie me di cuenta de lo bien vestido que iba, con un traje de tres piezas y camisa impoluta con gemelos negros inmaculados. Parecía como si le hubieran sacado en mitad de un juicio o de una clase de derecho internacional. Llevaba hasta unos zapatos con hebilla que dejaban ciego a cualquiera.
—Pareces el lobo de Wall Street —dije
—Me llamaban el León de Pasadena.
El León de Pasadena.
Corrían los años 80, Scarface se estrenaba en los cines y todos los ricachones de la ciudad iban y venían con sus descapotables recién sacados del concesionario, de aquí para allá, con la música disco a todo trapo y con nada más que una larga sesión de navegación en sus cabezas. Todos querían ser peces gordos en un acuario lleno de pirañas. Tener un boleto a la felicidad… Ansiaban ser el rey del jurásico, donde o devoras o eres devorado. Así me imaginaba a Cha Aun Wood en sus orígenes. Seguro que se paseaba en su Porsche metalizado como una estrella de Hollywood por las calles, con su Elvira Hancok a su lado o, quizá, a su Mia Wallace. Tenía toda la pinta de ser un perfeccionista, incluso más aún, seguro que sufría atelofobia y si habría algo imperfecto cerca de él le daría un infarto…
¿No hacéis esto vosotros? ¿No os imagináis a personas en sus posibles orígenes? Está divertido y ayuda a crear situaciones dispares.
Ahora veía a Cha Aun Wood a mi lado, en plena crisis, ¿cómo afrontaría un ser como él, que aparentemente era un tiburón, un ganador, un… león? Cómo iba a permitir quedarse sentado sin hacer nada. Algo no cuadraba.
—¿Cómo es que no haces nada? —pregunté tras vacilar un momento.
No contestó. Siguió de pie mirando las paredes que nos encerraban y luego el suelo, donde se habían formado pequeños charcos de la lluvia que había caído.
—Cuando es oscuro, hay gente que se esfuerza por ver, y hay quien entiende que no es momento de ver. El primer tipo de personas acaba forzando la vista y, en el peor de los casos, ciego o nictálope. Los otros, que han entendido que no es momento de forzar la vista, sino de descansar, aguantan intactos hasta la luz de la mañana.
—Se nota que eres burócrata —dije sin apartar la mirada de sus zapatos.
—Vamos, chico. No entres en una espiral auto-destructiva. Recapacita, escucha… —dijo tocándose el lóbulo de la oreja izquierda.
—No te entiendo.
Tanta palabrería barata me estaba poniendo de muy mal humor y, sí, reconozco que cuando estoy calmado quizá sea como un osito achuchable, pero cuando me tiran cañonazos y me convierto en un tigre feroz, y frente a mí tenía a un barco pirata que no dejaba de lanzar cañones contra mí en forma de palabras absurdas y retórica política que no aguantaba. No era momento de ponerse filosófico, o eso entendía yo. ¿Qué pasaría con Mino si me dedicase sólo a escuchar y a recapacitar? ¿Qué conseguiríamos sin actuar? No. No podría permitirme ni un segundo en pensar.
—Yo siempre he sido un romántico empedernido de la tranquilidad —dijo de golpe, sin yo haberle preguntado.
Alucinado me quedé. Aun Cha Wood o cómo se llamase estaba completamente loco. Eso estaba claro. No es que fuera calmado, sino que había perdido la cabeza por completo. Quizá había pasado demasiado tiempo aquí dentro encerrado y la majadería se había adueñado de él. Pero no iba a ocurrir conmigo. Yo no iba a dejar que mi perinola interior siguiera rodando como en un sueño, la mía iba a caer y con la caída vendría un estallido. Un estallido más fuerte que el anterior.
Me puse en pie y volví a arremeter contra las paredes, esta vez la fiera era yo, no Yull…
Y hasta aquí esta extraña entrega de Vomitando Palabras, espero que hayáis disfrutado leyendo y que tengáis ganas de mucho más. Ya sabéis qué hacer. ¡Dejad muchas palabras en comentarios para seguir con la historia más loca de HabboTemplarios! Gracias por leer y comentar y ¡hasta la próxima!
Un abrazote, Yawakasa
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