
¡Hola gamberros!
¡Cómo me gustan los miércoles! Es el mejor día de la semana. Lunes y martes ya han pasado, que son sin duda la cuesta arriba de la semana, llega el miércoles y te encuentras en la cúspide, en el punto de inflexión de la primera subida de una montaña rusa. Ha pasado lo peor de la semana y desde ahí, desde ese punto tan alto puedes ver el recorrido de lo que queda de semana, el jueves, comienzo de la caída y, con ello, la euforia se empieza a desatar. Llega el viernes, en el máximo esplendor de caída y, seguidos sábado y domingo, en forma de loopings y tirabuzón. Son la leche, sin duda, pero pasan demasiado rápido, como un abrir y cerrar de ojos… y luego de nuevo al punto de salida. Aún así, estamos a miércoles y lo vemos pasar desde el balcón de casa. Ya sabéis donde estamos y a qué hemos venido. Os dejo la lista de palabras de esta semana y espero que disfrutéis de esta entrega tanto como yo al escribirla con vuestras palabras. Ya sabéis, al final (ahí abajo) dejad muchas palabras en comentarios, lo que queráis. Incluso esta vez os dejo repetir si queréis. Y ya sin más dilación, la lista de palabras: “mamporreo, cerillo, megáfono, Havana, vacuna, Paquindrometro, buen post, me encanta este blog, constelación, Mino, golazo, concatenar, cinismo, mugroso, estupefacto, radiador y planetas”.
Me dispuse a poner la palabra como contraseña, pero desgraciadamente no funcionó, cosa que me frustró bastante. El loro seguía bastante enloquecido y decidió, tras aquel rotundo fracaso, ensañarse con el -aún inconsciente- vendedor de pacotilla y yo, como un mamporreo, le ayudé a golpear bien fuerte. No sé, fue el momento de locura que me indujo a reaccionar así y, como un cerillo que se prende de inmediato, mi cerebro se encendió. ¿Y si en sus pertenencias había algo que nos ayudase a desbloquear el ordenador? Fue un brote afortunado de iluminación.
Entre sus bolsillos encontré una diminuta llave de latón que podría abrir una taquilla o algo por el estilo. Así pues, registramos el búnker en busca de algo que pudiera abrir la llave. Efectivamente era una taquilla azul que estaba cubierta por una manta llena de polvo. La destapé y probé suerte. Dentro había un botiquín, una pistola de bengalas naranja, un mapa, un megáfono y una colección de vinilos, entre ellos el de Havana, de Camila Cabello. El loro cogió el mapa con el pico y me lo puso en la cara, como si me quisiera decir algo. ¿Conocía el loro acaso lo que estaba marcado con un círculo en rojo? ¿Por qué no lo decía?
—Sí, sí, son unas islas. Pero, parecen ficticias —dije al ver el mapa con detenimiento.
—Yo las conozco —dijo él, al soltar el mapa—, pero no recuerdo su nombre.
—¿Crees que el vendedor lo tenía por algo?
—Quizá haya una vacuna ahí…
—Demasiada casualidad —dije.
—Coge el arma, y mira que más hay, seguro que nos dejamos algo, papanatas.
Efectivamente, el loro tenía razón. Me había dejado un pequeño maletín que había bajo varios documentos a los que no le di importancia. El maletín era de cuero negro y tenía un sistema de cierre muy sofisticado, parecía guardar algo importante. Lo abrí y encontré un objeto de lo más peculiar con un nombre escrito en lo que parecía la empuñadura. Decía “Paquindometro V3.33”. ¿Sería un invento de aquel vendedor? Pero, lo más importante, ¿qué hacía él con estas cosas? ¿Acaso era consciente de que un Apocalipsis devastador de la humanidad podría llegar en cualquier momento?
Aquella taquilla, con sus surrealistas objetos, dejó más dudas que respuestas y nada parecía tener sentido, bueno, en cierto sentido sí, pero algo no encajaba. Y tener a un loro de acompañante no ayudaba en absoluto. Y cuando, cuando parecía perder toda esperanza, el ordenador volvió a emitir unos sonidos y la pantalla se iluminó. Fui corriendo a ver si era capaz de ver las notificaciones.
“Buen post” salió en medio de la pantalla, seguido de un “Me encanta este blog”. Alguien estaba comentando algo que parecía haber sido escrito por el vendedor, y entonces se me iluminó de nuevo la cabeza. ¿Y sí el nombre de aquel aparato era la contraseña que necesitábamos? No dudé en aporrear el teclado y al golpear “enter”… una constelación de luces se encendió de golpe en la habitación, acompañada de una sirena y un halo cegador proveniente del techo que golpeaba toda la sala, Mino y yo nos quedamos estupefactos.
—¡Que golazo! —soltó cuando parecía que el irritante sonido de la sirena menguaba.
Y así es como se logra, de forma excepcional, concatenar una serie de catástrofes y desdichas, señores. Al parecer, ésa no era la contraseña del ordenador. Detesto el cinismo, por lo que no voy a mentir, fue todo culpa mía. No sólo el hecho de haberla pifiado por completo con el ordenador, que al parecer se bloqueó completamente, sino que, por alguna razón, el bloqueo de seguridad del búnker se desactivó. El ruido de la alarma llamaría la atención de aquel séquito mugroso de especímenes que aún estaban en la tienda. Estupefacto, pude ver como empezaban a asomarse por el resquicio de la trampilla, encabezados por Caprile, más vivo (en lo que a muerte se refiere) que nunca.
El loro lo tuvo fácil por así decir, se encerró en la taquilla y me dejó vendido, como única alternativa la de esconderme tras un viejo radiador, pero no era salvación alguna. No hay que ser muy listo ni haber viajado mucho, ni haber descubierto nuevos planetas, para saber que ése sí era mi fin…

Y hasta aquí, la entrega semanal de Vomitando Palabras, ha sido un placer escribir este semanal y sinceramente espero que os evada de toda esta situación que estamos viviendo, al menos por unos minutos. Ya sabéis qué tenéis que hacer. Dejad muchas palabras (no sólo palabras esta vez) podéis colaborar diciendo para qué sirve el Paquindometro y con el nombre de las islas del mapa también, quién sabe, quizá Mino y yo nos damos un viaje para descubrir qué hay en esas islas misteriosas. ¡Las respuestas más elocuentes serán las elegidas! Gracias por leer y comentar y ¡nos vemos en la próxima!
Un abrazote, Yawakasa
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