
¡Hola gamberros!
¿Qué tal la semana? Espero que bien… y bienvenidos, de nuevo, a este blog bien loco en el que vosotros (aunque no lo creáis) sois gran parte gracias a vuestras palabras que dejáis en comentarios. Palabras como la de la lista de esta semana, que son las siguientes: «bluyín, seudónimo, asesinato, twice, guitarra, ecolalia, albóndiga, Mino, prospecto, Chávez vive, la lucha sigue, chimuelo, pecado, café, lora, garganta, Siempre divo, nunca indivo y amor«. Ya, sin más dilación, os dejo con la entrega de esta semana, que dice así…
Aquí os dejo la lección de hoy: cuando hagáis algo, hacedlo prestando toda vuestra atención… y este consejo vale para todo. Ya sea para la tarea más complicada que tengas, como si te vas a comprar uno nuevo bluyín, o como si estás buscando el seudónimo adecuado con el que firmarás tus próximas novelas. Presta toda tu atención a lo que estés haciendo. No cometas el error que yo cometí…
Aparté los ojos una milésima de segundo de la carretera para ver la cara de Segismundo, impresa en su carnet de acceso a las instalaciones y, en esa milésima uno puede convertirse en culpable de asesinato o en víctima…
El coche se ladeó y nos desviamos hacia el lateral de la carretera. Destrocé el guardabarros (que ya estaría desgastado) con el morro del coche y caímos colina abajo. Las ruedas se enredaron con la mala hierba y dimos no uno, sino dos vueltas de campana. Twice, fueron las veces que giramos dentro de aquella lata de sardinas.
El caracol, -exloro-, comenzó de nuevo a gritar, pero esta vez no sonaba como un xilófono, sino más bien como las cuerdas desafinadas de una guitarra aporreada por un principiante muñones en vez de manos… Yo, por mi parte, intenté calmar la situación gritando que todo iba a salir bien y él, repetía lo que yo gritaba. Efectos secundarios del estrés, repetir lo que uno dice, como si sufriera ecolalia…
Acabé como una albóndiga enlatada, pero Mino no quedó mucho mejor… estábamos a varios centenares de metros de la autovía, en el interior de aquella chatarra de coche descompuesta. Completamente magullados, ambos atascados, parecíamos un prospecto maltratado de un medicamento olvidado en algún cajón de la cocina.
Estuve al borde del desmayo, de un desfallecimiento momentáneo, pero aquella célebre frase de “Chávez vive, la lucha sigue” surgió de mis adentros. No era momento para flaquezas, ni para mí ni para Mino, que estaba al lado, descompuesto, con magulladuras por toda la cara y caparazón y con algún que otro diente saltado. Vaya, un caracol chimuelo, pensé al verlo tan destrozado. Habría sido pecado dejarlo tirado en la estacada.
Pero, ni el más intenso café hubiera despertado al sapenco que me acompañaba. Ni la sapenca más hermosa hubiera animado al exloro. Ni la lora más atractiva (¿seguiría sintiéndose atraído por loras o por caracolas ahora? Podría divagar sobre eso mucho tiempo, pero tiempo no tenía, para descubrir la nueva orientación de Mino) hubiera reanimado a aquel trozo de babas que se estaban secando lentamente, para acabar igual que una garganta a las cinco de la madrugada, tras la peor de las pesadillas.
Lo único que se me ocurrió hacer ante su lamentable estado fue limpiar la sangre y arreglar las heridas de su caparazón, siguiendo la filosofía de “Siempre divo, nunca indivo” y darle así una pequeña y última muestra de amor a aquel pobre caracol que lidiaba entre la vida y la muerte….
—Mi… Mi…. Mino… es… está… —intentaba decir el caracol en sus últimos intentos antes de desmayarse.
¡Y hasta aquí la entrega semanal de Vomitando Palabras! Espero que os haya gustado y que tengáis muchas ganas de más. Pero para ello, tenéis que dejarme muchas palabras en comentarios y, además, id pensando ya en nuevos temas que queráis que sean el hilo conductor del blog… los más interesantes y alocados serán los elegidos. Muchas gracias por vuestro tiempo y ¡nos vemos en la próxima!
Un abrazote, Yawakasa
Obtener esmeraldas





Comentarios cerrados.