Hola, soy Alex, y soy de esas pocas personas que aun creen que existe un mundo mejor. Yo creo que la gente buena si existe y es mucha, que los problemas que existe actualmente entre naciones y personas son simples malentendidos. Con el poder de una buena charla y unos abrazos, porque si, la gente necesita abrazos aunque digan que no, cualquier problema en el mundo se arreglaría. Los asesinos no son asesinos porque lo quieren, es más probable que sólo se equivoquen y lo hagan por error, yo elijo creer eso. Soy de esas pocas personas en el mundo que aún piensa que este mundo es muy bueno, y se los voy a probar.
Me levante a hacer voluntariado en la prisión de máxima seguridad, un lugar repleto de asesinos, terroristas y más. Mi misión es darle a entender al asesino más peligroso de todos que sólo le falta algo de cariño a su vida, tal vez un abrazo de su madre y sería una mejor persona.
—¿Qué quieres?
—Solo vengo a ayudar y darte una charla amistosa —le digo con mucha serenidad y una enorme sonrisa en la cara.
No quiero.
—Se que no quieres, pero se que en tu interior, lo deseas, eres una buena persona.
—No, no lo soy, soy un asesino y deberías temerme.
—No te temo, pq se que en el fondo si eres buena persona y puedes mejorar, yo creo en un mundo mejor.
El se ríe.
—No existe eso de un mundo mejor, el mundo es cruel y vil.
—Te demostraré que no.
—¿Ah sí? ¿Cómo?
—Pídeme algo que te de mucha alegría y te lo traeré.
—A decir verdad, mañana es mi cumpleaños y me gustaría aunque sea tener un pastel.
—¡Qué genial! Mañana te traeré un pastel, viste que si eres buena persona.
—Tu eres la buena persona, nos vemos mañana.
Ese mismo día compre el mejor y más delicioso pastel y me encontraba muy emocionado pq les demostraría a ustedes que si puede existí un mundo mejor.
—¿Volviste?
—Si, y traigo lo que me pediste conmigo.
—Genial, ¿puedo verlo?
—¡Por supuesto!
Le mostré el pastel y le encantó, ¡que emoción! Me abrieron la celda para dárselo cara a cara, pero antes de entrar, el guardia me preguntó que si estaba seguro: les respondí que totalmente si, pues, con estos verían que yo tengo razón.
—Muchas gracias —dice el soplando las velas-, pero no tengo con que picar el pastel.
—Oh no te preocupes, yo traje un cuchillo.
—¿Te dejaron entrar con un cuchillo?
—Si, lo pase sin que nadie se diera de cuenta, sabía que necesitaríamos algo para rebanar el pastel y no nos iban a dejar, pero yo no quería arruinar tu cumple.
—Que bien, ¿me dejas picarlo a mi?
—Por supuesto, toma —el doy el cuchillo.
El pica el pastel y se ve en su cara algo, creo que es emoción por celebrar su cumpleaños, me da un trozo y me dice que lo pruebe, lo hago, le doy un mordisco bien grande pero… Pasa algo. Siento el filo atravesarme, cuando alzó la vista es el, me ha clavado el cuchillo, justo en la cabeza.
—Pero… ¿Por qué?
—Te dije que no existen personas buenas, este mundo es cruel y vil.
Me saca el cuchillo y ahora lo clava en mi estómago, una y otra y otra vez. Hasta que muero. Yo solo quería creer que existía un mundo mejor, pero, no existe.
Fin.
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