
IV

Walter Crawford.
El nuevo trabajo de Walter Crawford en el bufete local estaba resultando de lo mejor, se sentía todo un pez dentro del agua. Los casos llegaban a él como pan caliente recién salido del horno. Su esposa estaba en camino a una milagrosa recuperación y su hijo, bueno, él estaba tolerando o intentándolo al menos. Todo estaba tomando un buen curso en la vida de su familia, todo le era increíble.
Su jefe, el señor Tomblington quien había estado muy al pendiente de la buena labor que estaba realizando Walter, sorprendido por su desempeño le otorgó uno de los casos más importantes para la firma. El divorcio del alcalde de Endsville, quien era también, el hermano del mismo señor Tomblington. Walter al ver la gran importancia del mismo decidió poner aún más empeño y se quedaba por las noches horas extras preparándose, estudiando y analizando el caso que de por si no era uno fácil. El hombre estuvo atrapado durante horas entre expedientes clasificados y secretos y duramente no era capaz de avanzar. Empezaba a pensar que este divorcio le sería mucho más difícil de lo que pensó.
Tras largas horas, Walter decidió que ya era momento de volver a su hogar, ordenó su maletín, apagó las luces y se propuso a cerrar cuando pudo notar algo que tocaba su pierna, de inmediato se exaltó. Al mirar abajo pudo notar que la mano pertenecía a un hombre en estado de moribundo, un sin hogar fue lo primero que pensó. Pero fijándose más en él pudo darse cuenta de que el hombre estaba bañado en sangre. El abogado se sorprendió y hasta se aterró, pero al ver al hombre casi sin vida se apresuró a socorrerlo.
Lo arrastró como pudo hacia los adentros del bufete mientras que el moribundo con la poca respiración que tenía, se esforzaba por generar palabras. Ya casi no tenía voz, pero lo poco que entendió Walter fue:
―Ya viene… Ella es mala, nos matara a todos ―las mismas palabras las repitió una y otra vez hasta que perdió la conciencia.
No pudo comunicarse con emergencias, al parecer las líneas estaban caídas y la única opción que le quedaba a Walter era la de llevarlo él mismo, lo subió a su auto y arranco a toda velocidad, mientras avanzaba lo veía constantemente por el retrovisor y se daba cuenta que el pobre hombre cada vez botaba más sangra, tal vez cuando llegasen ya sería demasiado tarde, pero el abogado no se rendiría, persistía en salvar su vida, sin embargo, la distancia hacia el hospital era larga y tendría que ir a la máxima velocidad si quería llegar a tiempo. Fue tan rápido que todo lo que pasaría a continuación pasaría también a velocidad luz. El auto voló por los aires mientras giraba, la sangre del moribundo mancho todo y luego todo para Walter se puso negro.
Continuará…
Obtenir des émeraudes 




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