
VI

Linda Crawford.
Linda se sentía algo confundida y un tanto trastornada tras su conversación con su anciana vecina. No era capaz de comprender como supuestamente la vieja conocía más acerca de su madre que ella misma. Algo en su interior le llamaba a saber más sobre el asunto, así que se puso manos a la obra.
El ático de la casa era un sitio al que había tratado de evitar durante todo este tiempo, pero si alguna pista de la verdadera vida de su mamá quería encontrar, ahí, entre sus viejas cosas, estaría.
― ¿Qué es lo que no se de ti madre? ¿Qué fue eso que ocultaste toda tu vida?
Recordaba como el ático era el sitio favorito de su madre, podría pasar horas ahí y a ella ni a nadie les dejaban entrar. Era un lugar exclusivo y desde su muerte nadie había vuelto a entrar y eso se podía notar. El polvo cubría la totalidad del lugar, solo unas cuantas cosas se habían salvado al tener una tela blanca encima. Linda entró y de inmediato una terrible alergia la atacó.
―No entiendo como mamá podía pasar tanto tiempo aquí, esto es un asco ―dijo mientras se sacudía la nariz.
Su idea era revisar de arriba a abajo el ático, a ver si encontraba una pista sobre los gustos secretos de su madre, comenzó con unas viejas cajas, en donde encontró unas antiguas revistas del hogar, de costura y algunos libros de cocina. Luego paso a revisar los gabinetes de un viejo escritorio, pero solo se topó con unas lapiceras secas, papel de carta y una que otra cosa de papelería.
En el ático también consiguió un viejo armario, dentro de este no tenía muchas cosas, pero algo que destacaba era una túnica negra que colgaba dentro, color negro y con aroma rancio. Linda nunca la había visto con ella puesta, así que resultaba realmente una primera pista de las actividades ocultas de su mamá.
Lo siguiente que revisó fue un viejo baúl, este estaba cerrado con candado así que un principio le costó, pero con ayuda de una herramienta de su marido, pudo cortar el candado y acceder al interior de este. Lo que vio dentro, resultaba un tanto sorprendente para ella, había botellas de vidrio con cosas que no sabía que eran o ni siquiera podía nombrar, había una daga oxidada manchada de algo que podía ser sangre y un libro todo desgastado con lomo de cuero negro. Por alguna razón sintió la necesidad intensa e innegable de abrir el libro, era demasiada esa sensación. Su piel se puso fría y su frente sudaba, en su estómago había algo raro.
Lo abrió. De repente, gritos de lamentos se escucharon por todas partes, para ella su visión se fundió a negro, no veía ni escuchaba nada más que los gritos. Cuando todo pasó, se desmayó. Al despertar, ella estaba ahí, tan vieja, tan sombría, igual de arrugada. Era su anciana vecina.
―Es hora de que conozcas la verdad, niña.
― ¿Qué verdad?
―Tu madre era una bruja, al igual que tú.
Continuara…
Nos acercamos al fin.
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