
¡Hola, buenos días, buenas tardes y/o buenas noches!
En el día de hoy, volvemos con el siguiente capítulo de esta maravillosa y nueva entrega. Hoy en día damos por hechas muchas cosas, pero a veces no sabemos el verdadero porque de estas. Pero tranquilos, estoy aquí para ayudaros. En esta entrega vamos a dar respuesta a las preguntas más interesantes y vamos a aprender muchas cosas. ¿Estáis preparados? ¡Vamos allá!
¿POR QUÉ…?
¿Por qué blanquea la ropa el blanqueador?
Si los tejidos de color blanco amarillean es porque los cambios que se producen en su composición con el paso de los años propician que el tejido comience a absorber luz del extremo azul del espectro, en lugar de reflejarla. Un blanqueador es en realidad un tinte fluorescente. La industria textil tiñe de forma habitual los tejidos blancos con blanqueadores para mejorar el aspecto de las prendas. Los blanqueadores de los detergentes actúan reponiendo la franja de luz que el tejido deja de absorber. Así se consigue absorber la radiación ultravioleta, una radiación que el ojo humano es incapaz de percibir, y utiliza su energía para emitir luz azul. El aporte extra de radiación azul disimula el tono amarillento del tejido gracias a una simple combinación de colores. La brillante blancura conseguida tendrá además una intensa luminosidad azulada.
¿Por qué la humedad aumenta el calor?
Es el famoso bochorno… Para empezar, digamos que en nuestra piel residen las extremidades sensitivas de los nervios que nos dan la sensación de frío o de calor. Y el calor de las cosas que nos rodean lo determinamos por comparación con el calor de nuestra piel. Por eso cuando se acerca una tormenta nos parece que el aire está más caliente, aunque en realidad no lo esté: lo que ocurre es que en tal ocasión nuestra piel percibe más calor porque no es capaz de refrescarse. O sea, no se trata de un calor externo o meteorológico, pues no lo registran los termómetros, sino interno o fisiológico. La razón de que esto ocurra es que antes de una tormenta el aire se halla casi saturado de humedad y se resiste a contener mayor cantidad de agua de la que tiene. Por ello nuestra piel, que produce agua constantemente, no tiene capacidad para liberarse de ella con la rapidez acostumbrada. Un medio esencial del cuerpo para mantenerse fresco es evaporar en el aire el agua procedente de la piel. Si no lo logramos, o si este proceso se vuelve más lento, sobreviene la sensación de bochorno. Tras la tormenta, una vez que la lluvia ha limpiado la atmósfera de la mayor parte de la humedad que contenía, el aire vuelve a absorber el exceso de humedad que mortificaba la piel y sentimos el ambiente fresco.
Y tú… ¿Lo sabías?
Gracias por vuestra comprensión y amabilidad.
¡Hasta la próxima semana!
Micralax-
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