
¡Hola, buenos días, buenas tardes o buenas noches!
Durante esta semana, he redactado otro relato para todos vosotr@s. ¡Espero que os guste tanto como a mí! Si os gusta esta sección, podéis dejar un comentario para hacérmelo saber. ¡Muchas gracias por vuestra comprensión!
» »Para salvar a la humanidad, tenéis dos colores; el color azul y el color verde. Iremos pasando de forma individual dentro de la habitación y, con ayuda de una luz ultravioleta, vamos a identificar el color que os ha tocado. El color azul será para quienes tengan que salvar la humanidad, mientras que el color verde será para quienes tengan que ir al campo de tortura. ¡Qué tengáis mucha suerte!» Estas palabras no paran de resonar en mi cabeza. Recuerdo el día en que me las dijeron. Un día gris, oscuro, lluvioso, con frío. Haciendo fila, estábamos toda mi familia, mis amigos y mi población. Todos estábamos muy nerviosos, nadie hablaba, como si no tuviéramos lengua. Poco a poco, la fila iba avanzando, cada vez quedaba menos gente delante de mí. Algunos salían muy contentos, otros no tanto… Por fin gritaron mi nombre: Manuel, ya puedes pasar. Entré, con muchos nervios e inseguridades. Escribieron mis datos y me pasaron la luz ultravioleta por el cuello. Cuando me dijeron el color, me derrumbé. ¡Tenía el color verde, tenía que ir al campo de tortura! No me lo podía creer…
Cuando llegué a casa, toda mi familia estaba esperando que les dijera que color me había tocado. Estaba tan nervioso que les mentí, diciendo que me había tocado el color azul. Era el destinado a salvar la humanidad, pero no. Se alegraron mucho y yo también lo fingí, pero por dentro estaba destrozado. Al cabo de unos días, me llegó una carta con mi nombre. La abrí con las manos temblorosas, no sabía el contenido de dicho sobre. Empecé a llorar a medida que iba leyendo la carta. El día 10 de mayo, a las 10 horas tenía que estar preparado, me pasaban a buscar con un camión para llevarme al campo. No sabía como dar la noticia en casa, así que decidí decirles que iba con mis amigos. Llegó el día y me despedí, fingiendo estar bien para que no notaran nada. Me subí al camión y me fui.
Después de muchos kilómetros, paramos a un descampado donde nos guiaron al campo. Nos explicaron las normas, lo que nos harían, lo que pasaría si intentábamos escapar… ¡No había salida! Llegó el jefe del campo de tortura; era delgado, ojos castaños y pelo negro. Cuando lo escuché, su voz me resultó familiar, muy conocida. Lo miré a la cara y, para mi sorpresa…. ¡Era mi padre! ¿Cómo se atrevería a hacer una cosa así? ¿Él también era verde y no me lo había dicho? ¿Por qué lo hace? No me vio, por suerte logré esconderme. Quizá un día logre escapar…»
¿Os ha gustado? ¡Espero que sí! De verdad, creerme, todo lo hago desde el corazón, para todos vosotr@s.
Gracias por leer mis relaHTos, me hace muchísima ilusión.
¡Nos vemos pronto!
Micralax-
Obter esmeraldas 






Comentarios fechados.