
¡Hola gamberros!
¿Cómo va la semana? Por fin miércoles y esta semana sí hay Vomitando Palabras, lamento que la anterior no me diese tiempo a terminarlo, pero, mejor así que no presentar cualquier cosa… espero que no se os haya hecho larga la espera y que tengáis ganas de leer locuras. Éstas son las palabras que me dejasteis en la anterior edición y que forman parte de la entrega semanal: “fatiga literaria, regreso, esternocleidomastoideo, so-la, espantapájaros, inmarcesible, pantufla, libertad, corazón, droguería, acomodado, sopapo, Abduskan, tiro libre, cornudo, cloropastos, cibernético, sonoridad, Mino” y sin más esperas, ¡que empiece ya esta entrega!
Decían que los primeros síntomas eran como los de una fatiga literaria, con cansancio, ojos medio cerrados, y además, mocos y estornudos secos. A los pocos días uno se ponía de color verdoso y se movía con dificultad. Era como un regreso al estado primitivo del ser humano. Así describieron la enfermedad que surgió del coronavirus, sólo que con un enorme dolor por la zona del esternocleidomastoideo y que llegaba hasta el pecho. Y eso, era lo que sufrían los zombies que nos acorralaron en el coche de Caprile.
—¡Déjame sola! —gritaba él—, ¡SO-LA!
Aún tenía sus manos agarrando mi cuello cuando gritaba como una loca intentando ahogarme, aunque no entiendo porqué se volvió tan agresivo. Y mientras tanto, los infectados se acercaban por detrás de él sin que se diera cuenta. Le agarraron y empezaron a morderle las piernas, el torso… hasta parecer un espantapájaros desplomado y desplumado, ojalá pudiera decir que su cuerpo era inmarcesible, pero no. Acabó bastante destrozado el pobre.
Antes de que pudieran atacarme a mí, arranque el coche y salí a toda mecha de aquel carnaval apocalíptico y si no hubiera perdido la pantufla entre tanto sadismo seguramente hubiera ido más rápido, en busca de una libertad que se había esfumado, pues estábamos todos condenados. Aunque en ese momento yo era ajeno a la realidad, pero con el corazón henchido y la sangre brotando por todo mi cuerpo, me sentía como una azafata que viaja primera vez a un país, supongo, es extraño de explicar, pero no me sentía -para nada- en casa.
Vi, entonces, una droguería iluminada, lo que me llevó a pensar que estaría abierta. ¿Sería buen momento para comprar algo que poder llevarme a la boca o abastecerme en caso de que las cosas se complicasen? Pisé el freno sin pensar más y me apeé del vehículo. No lo dejé realmente acomodado. Era el fin del mundo, uno no podía perder el tiempo en aparcar correctamente. Pero antes de entrar a la tienda, recibí un duro sopapo. Me giré y vi al loro en el capó del Mercedes bailando el Abduskan, celebrando el tiro libre que se marcó contra mi nuca.
— ¡Cornudo! Compra galletas para este animalito —dijo mientras entraba en la tienda.
«Cloropastos te voy a comprar», pensé al entrar en la tienda.
— ¡Alto ahí! —me gritó el dependiente, con la cabeza totalmente tapada, y con una escopeta de doble cañón apuntándome.
—¡Tranquilo, we!
—Ni tranquilo, ni leches, ¿¡Qué quieres!? ¿Estás encoronado?
—Que encoronado ni que tonterías, sólo quiero comprar algo para abastecerme, ¿has visto la que hay ahí fuera?
—Sí, claro, parece esto un ataque cibernético, pero real.
—Lo que tú digas —dije mientras cogía algunas cosas para comer, entre ellas alcohol y carbón.
Me acerqué al mostrador despacio y vi un cartel violeta al otro lado, donde el dependiente pasaba los objetos por el escáner. Era un cartel invitando al lector a una manifestación feminista y rezaba un “Por la sororidad y el movimiento feminista” para el ocho de marzo, día de la mujer. Justo hacía varios días de eso.
Pagué y salí afuera con la compra, pero Mino, el loro, ya no estaba en el capó, sino en las manos de Caprile, que no lucía tan hermoso como la última vez que lo vi. Aunque sí parecía tener las mismas ganas de ahogarme que la vez anterior.
Y hasta aquí la entrega semanal de Vomitando Palabras. Ya sabes qué tienes que hacer ahora, deja tu palabra para que yo me invente una historia sin sentido gracias a los comentarios. Espero que hayáis disfrutado leyendo esto tanto como yo creándolo. Gracias por leer, compartir y comentar y os espero el miércoles que viene, si todo sale bien.
Un abrazote, Yawakasa
Smaragden verkrijgen 






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