
Mucho de nosotros comemos o consumimos diversos tipos de productos/alimentos que nos generan bienestar o satisfacción. Pero, ¿sabías que existen trastornos de la conducta alimentaria que interfieren en esa sensación de bienestar o satisfacción?
¿Qué son los trastornos de la conducta alimentaria?

Se los define, como aquella afección comportamental en la ingesta y consumo de alimentos, que en consecuencia, altera la absorción de los mismos y el funcionamiento fisiológico de nuestro cuerpo. Por otra parte, a nivel psicológico y emocional, se desarrollan alteraciones en la regulación emocional, en el los procesos cognitivos, como el pensamiento, la memoria y la atención, por falta/exceso de nutrientes en nuestro cuerpo. En otras palabras, se trata de una conducta problemática.
El DSM-V (Manual diagnóstico y estadístico de los desórdenes mentales, quinta edición), los define como, “una alteración persistente en la alimentación o en el comportamiento relacionado con la alimentación, que lleva a una alteración en el consumo o en la absorción de los alimentos y que causan un deterioro significativo de la salud física o del funcionamiento psico-social”.
¿Cuáles son las causas más frecuentes o estudiadas?

Los trastornos de la conducta alimentaria tienen causas multidimensionales, las cuales pueden interactuar o no entre ellas:
A- Familiares: padres sobreprotectores, exigentes o controladores, respecto a la ingesta de alimentos o así mismo, padres que realizan burlas o comentarios ofensivos, respecto a la imagen corporal.
B- Culturales: Los ideales o prototipos hegemónicos de belleza, y cuerpo estándar.
C- Individuales: Peso, estatura del cuerpo (aspectos biológicos), imagen corporal y creencias/ideas que poseemos sobre nuestro cuerpo e imagen corporal y cómo nos hace sentir (aspectos cognitivos y emocionales).
Respecto a la imagen corporal, es uno de los aspectos o facetas más consideradas en las personas con trastornos de la conducta alimentaria. Se da un cierto valor y estima a la imagen corporal y el propio cuerpo biológico. Es aquí, donde radica la ingesta de alimentos, para acercarse a la imagen corporal deseada y valorada, por medio de cambios en nuestro cuerpo (reducción de ciertos alimentos, menos gastos calóricos, reducción de grasa corporal).
¿Cuáles son los tipos de trastornos de la conducta alimentaria?
El DSM-V, identifica los siguientes tipos:
1- Anorexia nerviosa: Restricción voluntaria con el fin de conseguir un peso inferior al correspondiente, según sexo y edad. En este sentido, no se presenta un déficit en la regulación del apetito, sino que al reducción la ingesta de alimentos, es un acto efectuado por voluntad propia.
Criterios diagnósticos:
- Restricción de la ingesta energética.
- Miedo intenso a ganar o a engordar.
- Alteración en la forma en que uno mismo percibe su propio peso.
2- Bulimia nerviosa: Es aquel consumo/ingesta de alimentos descontrolada, no siempre se lleva a cabo por “hambre”, sino que las causas pueden ser variadas.
Criterios diagnósticos:
- Episodios recurrentes de atracones: ingestión, sensación de pérdida de control sobre lo que infiere durante el episodio.
- Comportamientos compensatorios: Son conductas inapropiadas, o recurrentes para “compensar” el alimento ingerido, por medio de la “purgación o eliminación de los mismos en el organismo”, como el vómito auto provocado, el uso de laxantes, diuréticos, medicamentos, o el ejercicio excesivo.
3- Trastorno por atracón: Suele desencadenarse mucho más tarde que los anteriores. Se caracteriza por la ingesta abrupta de alimentos o en grandes proporciones.
Criterios diagnósticos:
- Episodios recurrentes de atracones: ingestión, sensación de falta de control sobre lo que se ingiere durante el episodio.
- Los episodios de atracones se asocian a tres o más de los hechos siguientes: comer mucho más rápidamente de lo normal. Comer hasta sentirse desagradablemente lleno. Comer grandes cantidades cuando no siente hambre físicamente. Comer debido a la vergüenza o preocupaciones por la comida
- Los atracones se producen en promedio, al menos una vez a la semana durante tres meses.
- Los atracones no se asocian a conductas compensatorias/purgativas, como en la bulimia nerviosa.
4- Otros trastornos de la conducta alimentaria no especificados: conducta alimentarias problemáticas, que afectan la absorción y metabolismo de los alimentos, pero que no cumplen los criterios diagnósticos necesarios para considerarse como trastornos propios de la conducta alimentaria:
A- Trastorno de rumiación: Regurgitación repetida de los alimentos durante un período mínimo de un mes. Los alimentos regurgitados se pueden volver a tragar o se escupen.
B-Trastorno por evitación/restricción de la ingesta de alimentos: falta de interés aparente por comer o alimentarse; evitación a causa de las características organolépticas de los alimentos; preocupación acerca de las consecuencias repulsivas de la acción de comer.
C-Trastorno de pica: Ingestión persistente de sustancias no nutritivas y no alimentarias durante un período mínimo de un mes.
¿Existe comorbilidad con otro tipo de trastornos psicológicos?
Existe comorbilidad, particularmente con trastornos de los siguientes tipos:
1) Trastorno de ansiedad generalizada.
2) Trastorno de depresión mayor.
3) Trastorno límite de personalidad.
4) Trastornos del control de impulsos.
¿Qué debería si estoy atravesando por esta situación?
- Recordar que tiene tratamiento, intervención y rehabilitación, es decir, es algo de que podemos recuperarnos y seguir adelante.
- Comunicarlo a personas de confianza de nuestro entorno, para tener apoyo y un sostén afectivo.
- Explorar servicios de salud mental, y recurrir a profesionales de la salud para recibir un diagnóstico para luego, comenzar un tratamiento y progresiva rehabilitación.
- Seguir exactamente el esquema o modelo de tratamiento elaborado por el equipo tratante.
- En caso de alguna crisis o recaída, comunicarlo a personas de confianza o equipo tratante.
- Entender que el progreso de psicoterapia y rehabilitación, implica idas y vueltas, caídas y progresar. Es decir, podemos tener períodos de crisis y también de progreso. Ambos son esperables y parte de la rehabilitación.
- Realizar actividades recreativas o placenteras para hacer más ameno el proceso psicoterapéutico.
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